Traducciones ¿fieles?

La labor de traducción de una obra debe ser ardua y difícil. Intentando reunir por mi propia cuenta las cualidades que adornarían a este importante eslabón de la edición literaria, que es el traductor, concluyo en que debería ser lector meticuloso, tener conocimiento profundo de las lenguas que maneja (la suya la primera), poseer una curiosidad insaciable para documentarse sobre el período histórico en el que se ambiente la obra (expresiones, costumbres, ideologías…) y, para rematar, honestidad. (Casi nada, ¿eh?)

Soy de las que piensa que aunque el traductor haya hecho un trabajo sublime, se pierde la esencia del autor aunque sea en una mínima parte. Eso cuando el resultado es, reitero, sublime, que no siempre es el caso.

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Comparto tres ejemplos en obras cumbres donde se ha jugado con la traducción por motivos diferentes.

  • La Biblia

Empezamos con el libro más leído y más traducido de la historia. Se trata de la traducción que San Jerónimo hizo del Éxodo 34:29-35 Se dice que en el texto original se podía leer que Moisés emanaba “rayos de luz” de su cabeza cada vez que hablaba con Jesucristo. Sin embargo, la palabra “rayo” en hebreo (karan) también significa “cuernos” y parece ser que el traductor prefirió utilizar esta acepción porque entendía que nadie excepto Cristo podría irradiar luz. Por eso, en muchas pinturas y esculturas que representan la figura de Moisés (pensemos por ejemplo en la de Miguel Ángel) aparecen las dos protuberancias sobre su cabeza. De todas formas (no soy yo experta en temas religiosos) sobre esto se ha hablado mucho pero no es un dato confirmado.

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  • Los miserables, Victor Hugo

Por lo que he leído sobre Los miserables hay ediciones que incluso prescinden de partes enteras de la obra original. Pero en estos ejemplos que comparto se trata simple y llanamente de censura. La traductora María Teresa Gallego Urrutia comenta en una nota preliminar de la edición de Alianza Literaria: “En la primera parte de la obra, en que el obispo, monseñor Bienvenu, abrumado y contrito ante el alegato del moribundo sobre las injusticias y tropelías de la Iglesia y de la monarquía de derecho divino y la necesidad de la Revolución Francesa, se arrodilla ante el revolucionario para pedirle su bendición, episodio que los lectores españoles llevan más de cien años leyendo todo lo contrario: el arrepentido es el convencional y el que le imparte su bendición y su perdón es el obispo. En un mismo orden de cosas, ya al final de la novela, Jean Valjean, que ha rechazado, en el umbral de la muerte el ofrecimiento de la portera de ir a buscar un sacerdote, muere, en castellano, con un sacerdote a su cabecera, que la portera sí ha ido a buscar, como está mandado, en la versión española a la que nos estamos refiriendo.” ¿Qué os parece?

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  • El Quijote

En su traducción al francés, Filleau de Saint-Martin modificó el final de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de tal modo que en su versión Don Quijote no muere. Esto le dio pie (listillo) a escribir una segunda parte (Historia del admirable Don Quijote de la Mancha), que quedó inconclusa por el fallecimiento de su autor. Fue Robert Challe (amigo del listillo) quien retomó la obra con el título de Continuación de la Historia del admirable Don Quijote de la Mancha. (Ilustración: Antonio Saura)

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¿Conocéis más destrozos literarios de este tipo? ¿Os fijáis en si la traducción de vuestros libros es buena?

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Por amor a los clásicos – Booktag

1. ¿Por qué lees clásicos y con qué frecuencia?

Tengo muchas razones para leer clásicos. De hecho, escribí un post titulado 10 motivos para leer clásicos en el blog. Pero si me tuviera que decantar por uno sin duda sería el de la supervivencia. Que una obra la respalde una campaña de marketing abusiva me genera mucha cierta desconfianza. Prefiero que sean los años los que den su lugar a los libros.

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Sé, por otro lado, que me puedo perder joyas de la literatura contemporánea. Pero dentro de mi ansia, lidio mejor con perderme algo actual que con algún clásico que tenga muchas ganas de leer.

En cuanto a la frecuencia se podría decir que el 80% de mi tiempo de lectura está dedicada a clásicos. Eligiendo muy bien (o intentándolo al menos) ese 20% de contemporánea, que intercalo en lecturas más densas.

2. ¿Hay algún período, lugar o cultura del que no has leído muchos clásicos pero te gustaría?

La peste negra acaecida en el siglo XIV me genera mucha curiosidad hace ya bastante tiempo. Sobre todo por las consecuencias que genera la desaparición de un tercio de la población en cuanto a la ruptura del orden social establecido en la Edad Media.

Es por ello que el Decamerón de Giovanni Boccaccio está entre mis próximas lecturas. ¿Alguien lo ha leído por aquí? ¿Alguna recomendación sobre este tema? Os dejo un enlace para descargar el Decamerón en la biblioteca de Poecraft Hyde por si os interesa.

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3. ¿Qué libro actual crees que será un clásico en 100 años?

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Este creo que ya se le considera clásico a pesar de ser relativamente reciente (1979). Dentro de lo contemporáneo que tengo leído me parece que Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena perdurará en el tiempo porque reúne (a mi parecer) una serie de características que la hace bastante atractiva:  la trama es interesante, el autor mantiene la incertidumbre y las descripciones del hospital psiquiátrico donde se desarrolla la historia son muy gráficas.

4. ¿Último clásico que has leído?

El Extranjero de Albert Camus

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5. ¿Primer clásico que leíste?

Recuerdo La Celestina de Fernando de Rojas con mucho cariño. Disfruté mucho de ella  y desde ahí dije “Voy a seguir por aquí”. Siempre digo que hay un libro que activa al lector. En mi caso fue la historia de Calisto y Melibea.

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6. Portadas preferidas

La colección Austral Singular. Me parecen sencillas, elegantes y de colores atractivos. ¡Los quiero todos!

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7. ¿Qué autor clásico te gustaría que hubiese escrito más libros?

Carmen Laforet. Confieso que tengo miedo a terminar de leer su obra. Su vida y el estilo de su narrativa me fascina.

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8. ¿Clásico que menos te gusta?

No sabría qué clásico poner aquí si ayer no hubiese terminado de leer El viejo y el mar de Ernest Hemingway. Para muchos este libro es maravilloso, pero yo no le encuentro el chiste. Una lectura corta, eso sí.

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9. ¿Clásico traducido favorito?

Por lo general me gusta la literatura clásica en español. Evito las traducciones primero por gusto y segundo porque no quiero intermediarios entre los autores y yo. Siendo consciente que esto me limita, busco alguna edición bien traducida sin tener preferencia especial por el momento.

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10. ¿Clásico moderno preferido?

Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. Releí esta obra hace muy poco y la verdad me asombré de lo reciente que es (1995). Estoy deseando leer Ensayo sobre la lucidez y, bueno, cualquier obra de Saramago.

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11. ¿Lugares clásicos favoritos que te gustaría visitar?

Macondo, sin ninguna duda. Y que llueva muchísimo.

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12. ¿Primer clásico que recomendarías a un niño?

El principito de Antoine de Saint-Exupéry.

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13. ¿Clásico que crees que tiene un título erróneo y cómo lo retitularías?

Puedo saltarme esta pregunta ¿verdad?

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14. ¿Clásico que recomendarías a todo el mundo?

¿Uno para todo el mundo? Difícil elección, pero me quedo con Orwell.

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¿Qué libros encajarías vosotros en estas preguntas? ¿Qué editorial preferís para las traducciones? ¿Qué autor clásico os gustaría que hubiese escrito más libros? ¿Qué comisteis ayer?

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El mar y la sombra – Victor Hugo

4736224a352ba4b7b99c14b05f7f57f0¡Hombre al agua!

¡Qué más da! El barco no se detiene. El viento sopla, ese barco sombrío tiene un derrotero al que no le queda más remedio que atenerse.

Pasa de largo.

El hombre desaparece, vuelve luego a aparecer, se sumerge y regresa a la superficie, llama, tiende los brazos, no lo oyen; el barco, vibrando en el huracán, no atiende sino a su maniobra; los marineros y los pasajeros no ven ya siquiera al hombre hundido en el agua; la pobre cabeza no es ya sino un punto entre la enormidad de las olas.

Lanza en las profundidades gritos desesperados. ¡Esa vela que se aleja es un espectro terrible! La mira, la mira con frenesí. Se aleja, palidece, mengua. Hace un momento él estaba allí, formaba parte de la tripulación, iba y venía por el puente con los demás, le correspondía su ración de aire para respirar y de sol, era un ser vivo. Ahora, ¿qué ha sucedido? Resbaló, cayó, y ya está.

Se haya en el agua monstruosa. Sólo tiene ya bajo los pies algo que huye y se desploma. Las olas, que el viento rasga y hace jirones, lo rodean horrorosamente; los cabeceos del abismo lo arrastran; todos los harapos del agua se mueven en torno a su cabeza; un populacho de olas le escupe; confusas cavidades se lo tragan a medias; cada vez que se hunde, vislumbra precipicios repletos de noche; espantosas vegetaciones desconocidas lo aferran, le anudan los pies, tiran de él; nota que se vuelve abismo; forma parte de la espuma; las oleadas se lo lanzan, de una a otra; bebe amargura; el océano se obstina en ahogarlo; la enormidad juega con su agonía. Es como si toda esa agua fuera odio.

No obstante lucha.

Intenta defenderse, intenta mantenerse a flote, se esfuerza, nada.

Él, esa pobre fuerza que se agota enseguida, combate contra lo inagotable.

¿Dónde estará el barco? Allá lejos. Casi no se lo ve entre las pálidas tinieblas del horizonte.

Soplan las ráfagas; todas las espumas lo agobian. Alza los ojos y no ve sino las livideces de las nubes. Presencia, agonizante, la gigantesca demencia del mar. Esa locura es un suplicio. Oye ruidos ajenos al hombre que parecen venir de más allá de la tierra y no se sabe de qué exterior espantoso.

Hay aves en las nubes, de la misma forma que hay ángeles por encima de los desvalimientos humanos, pero ¿qué podrían hacer por él? Vuelan, cantan y planean; y él suelta un estertor.

Siente que lo sepultan a la vez esos dos infinitos, el océano y el cielo; uno es tumba y el otro es sudario.

Cae la noche, lleva horas nadando, ya no le quedan fuerzas; aquel barco, aquel objeto lejano en el que había hombres, se ha esfumado, está solo en el formidable abismo crepuscular, se hunde, se resiste, se retuerce, nota por debajo de él los inconcretos monstruos de lo invisible; llama.

Ya no hay hombres. ¿Dónde está Dios?

Llama. ¡Que conteste alguien! ¡Alguien! Sigue llamando.

Nada en el horizonte. Nada en el cielo.

Implora a la extensión, a las olas, a las algas, al arrecife, están sordos. Suplica a la tempestad; la tempestad, imperturbable, sólo obedece al infinito.

En torno, la oscuridad, la bruma, la soledad, el tumulto tempestuoso e inconsciente, los pliegues infinitos de las aguas hoscas. En él, el espanto y el cansancio. Bajo él, la caída. No hay punto de apoyo. Piensa en las aventuras tenebrosas del cadáver en la sombra ilimitada. El frío sin fondo lo paraliza. Se le crispan las manos, y se cierran y se aferran la nada. ¡Vientos, nubes, torbellinos, ráfagas, estrellas inútiles! ¿Qué hacer? El desesperado cede; quien está cansado toma la decisión de morir; deja que suceda lo que sea, se deja ir, rinde las armas; y cae para siempre en las profundidades lúgubres del que se ahoga.

¡Ay, caminar implacable de las sociedades humanas! ¡Con hombres y almas quedándose por el camino! ¡Océano donde cae todo cuando deja caer la ley! ¡Desaparición siniestra del socorro! ¡Ay, muerte moral!

El mar es inexorable noche social a la que arrojan los penales a sus condenados. El mar es la miseria inmensa.

El alma, cayendo a pique en ese abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién la resucitará?

Los miserables, Primera parte, Libro segundo, Capítulo VIII

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La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

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“¡Qué título tan potente el de este libro!” – Pensé la primera vez que oí hablar de él. Busqué un poco de información. Sinopsis:

Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

No me convenció. Me sonaba a Love actually. No me interesaba.

Vuelve a aparecer su título. Vuelvo a buscar la sinopsis y alguna opinión (tengo poca memoria). Nada, cuando recordé la comedia romántica lo descarté de nuevo.

Empiezo a leer comentarios de gente enamorada de su lectura. No me atrae a pesar de las buenas reseñas, incluso he llegado a leer que es un libro que cambia la vida.

Cabe mencionar que el título seguía y sigue impactándome, independientemente de mi opinión ahora. Así que la curiosidad mató al gato y me lo zampé.

Encontré en él muchos temas aparte de celos, sexo, infidelidad, amor, etc.  Es por ello que pienso que la sinopsis no refleja la esencia de la obra. En ella no se cuenta que se hablará también de movimientos políticos, religión, respeto a los animales, o la subjetividad entre otras cosas. Hay alguna reflexión destacable, como por ejemplo la del vértigo:

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

No ha cambiado mi vida (hay libros que la cambian, pero este no es uno de ellos). Aún no se realmente qué me ha causado La insoportable levedad del ser aparte de un conflicto entre mis expectativas y la realidad. Mentiría si dijera que no me enganchó al principio pero se fue desinflando poco a poco ya que, a medida que avanzaba, me parecía filosofía barata. Yo nunca catalogaría esta obra como filosófica, como está catalogada (como si fuese yo alguien para catalogar).

En mi opinión ni la sinopsis hace honor al libro, ni el libro hace honor al título.

Ahora bien, al César lo que es del César. En la sexta parte llamada La Gran Marcha me pareció salir de la novela y meterme en una distopía que refleja los comportamientos humanos ante una situación extrema. Ese fragmento sí que me gustó bastante y, como veis, no tiene nada que ver con la presentación que se da del libro.

¿Qué os ha parecido a los que lo habéis leído?

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El libro es…

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Ilustración: Marco Palena

Tabla para el náufrago, escudo para el bueno y horca para el ruin, paraguas para el sol y la lluvia, capote de torero, ladrillo que hace paredes que hace casas que hace ciudades que hace mundos.

El libro es jardín que se puede llevar en el bolsillo, nave espacial que viaja en la mochila, arma para enfrentar las mejores batallas y afrentar a los peores enemigos, semilla de libertad, pañuelo para las lágrimas.

El libro es cama mullida y cama de clavos, el libro te obliga a pensar, a sonreír, a llorar, a enojarte ante lo injusto y aplaudir la venganza de los justos.

El libro es comida, techo, asiento, ropa que me arropa, boca que besa mi boca.

Lugar que contiene el universo.

Persona Normal, Benito Taibo

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Dreadnought hoax – El engaño del Círculo Bloomsbury

El 7 de febrero de 1910, seis intelectuales idearon una de las mayores bromas de la historia. Entre ellos estaba Virginia Woolf, en ese momento todavía Virginia Stephen, una  aspirante a escritora  de veintiocho años.

Es una historia curiosa, divertida e interesante que pone en tela de juicio la privacidad y la seguridad de la Inglaterra victoriana. Es también una fábula atemporal de cómo la prensa puede ser cómplice en el éxito de cualquier engaño.

Hasta el día de hoy, el único relato de primera mano de la broma es “The Dreadnought Hoax” escrito por Adrian Stephen, hermano de Virginia y miembro del conocido Círculo Bloomsbury, que inició la operación junto con el poeta William Horace de Vere Cole.

La idea era la siguiente:

Cole engañó a la Royal Navy para que le enseñase su buque insignia, el HMS Dreadnought, a una supuesta delegación de príncipes abisinios que en realidad eran Cole, Stephen y un grupo de cómplices, entre ellos la ya mencionada Virginia Woolf. 

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Para hacerse pasar por príncipes etíopes, se disfrazaron con turbantes y oscurecieron su piel con maquillaje. Virginia Woolf además se travistió, para lo cual se cortó el pelo y se puso barba.

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Mientras inspeccionaban el barco, para mostrar sus apreciaciones, se comunicaban en una mezcla de suajili improvisado junto con fragmentos de citas de Homero y Virgilio en griego y latín que pronunciaban de forma que no fuese reconocible. De vez en cuando, se detenían y exclamaban “Bunga bunga”, como muestra de admiración ante cualquier elemento existente en el buque. Pidieron alfombras de oración y ofrecieron falsas condecoraciones militares a algunos de los oficiales.

Esta, sin duda, es mi parte favorita. Hay que tener mucha “audacia lunática” (palabras del sobrino y biógrafo oficial de Virginia Woolf) para llevar a cabo esta farsa.

Una vez terminado el engaño, Horace de Vere Cole contactó con la prensa y envió una foto de los “príncipes” al Daily Mirror, haciendo público el engaño. En cuestión de una semana toda la historia y la foto estaba presente en varios diarios londinenses.

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La Armada británica se convirtió en el hazmerreír del país, a pesar de que muchos dijeron que no se “tragaron” el engaño y, ante la duda, se limitaron a no decir nada. La prensa, como es de esperar, hizo eco inmediato de los acontecimientos como si el engaño hubiese sido total.

Que un grupo de jóvenes intelectuales en contra del imperialismo y la época victoriana consiguera, de cualquier modo, ridiculizar una institución definida por su clasismo y falsa moralidad me pone los pelos de punta. 

¿A vosotros no?

Fuentes:

  • A Virginia le gustaba Vita, Pilar Bellver, Ed. Dos Bigotes, 2016
  • Brainpickings
  • Wikipedia
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A Virginia le gustaba Vita

Me llamaba mucho la atención este libro desde su publicación el año pasado. Se trata de una novela epistolar de la escritora jienense Pilar Bellver donde se cuenta la historia de amor entre Virginia Woolf (ensayista, novelista, feminista y editora en el siglo XX) y Vita Sackville-West (también poetisa y escritora de la época).

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Cualquiera que haya leído Una habitación propia de Virginia Woolf sabrá que hay un antes y un después cuando Virginia se da cuenta y reflexiona sobre la aparición en la literatura de una mujer a la que le gustaba otra mujer. De ahí el título de esta joya y aquí la explicación de la autora:

“A Chloe le gustaba Olivia, leí. Y entonces me di cuenta de qué inmenso cambio representaba aquello”. (Virginia Woolf, Una habitación propia, pág. 112, ed. Seix Barral, 2002). El título es, pues, un homenaje a ese inmenso cambio que suponía, según explica Virginia más abajo, que aquella fuera la primera vez que podía leerse en un libro escrito en inglés que a una mujer le gustaba otra.

Lo primero que quiero decir acerca de este libro es que las cartas NO son las originales. Es una novela ficticia basada en sus cartas y documentos que, aunque no en su totalidad, se citan con bastante frecuencia.

Refugiándose en la ficción la autora no deja, con notas al pie, de hacer aclaraciones sobre el texto y de donde saca tales y cuales conjeturas. 

La obra en sí se divide en dos partes. La primera donde se lee la novela tal y cómo he descrito anteriormente, en forma de cartas y con abundantes notas al pie; y la segunda donde por medio de un diálogo entre una adolescente y su tía se amplían algunos aspectos, ya sin ficción y con datos muy curiosos.

¿Recomendable? Sí. No hay pretensiones por parte de la autora, cosa que se agradece y se respetan bastante las posibles teorías que se le puedan dar a un hecho, abandonando clichés. La edición, además, está muy cuidada. Las notas al pie no son aburridas ni sobrecargadas de información. 

¿Qué saco de aquí? Un rato agradable leyendo este libro y una completísima lista de libros donde seguir conociendo a Virginia. También una autora que, sin ninguna duda, seguiré leyendo. Y lo seguiré haciendo porque Pilar Bellver creó en 2008 su página web con el único fin de ir permitiendo la descarga gratuita de sus obras ya publicadas en papel, pero agotadas y libres de derechos editoriales.

 

 

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Encuentra lo que amas y deja que te mate

“Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada. Deja que te mate, y deja que devore tus restos.Porque de todas las cosas que te matarán, lenta o rápidamente, es mucho mejor ser asesinado por un amante.”

Falsamente tuyo, Charles Bukowski.

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Menos mal que la mujer que llora está muerta

Hace unos días terminé de leer la biografía de Dora Maar escrita por Alicia Dujovne Ortiz, titulada “Dora Maar. Prisionera de la mirada”.

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Para entrar un poco en materia Dora fue artista plástica, fotógrafa, pintora y escultora en el siglo XX. Y no sólo eso. Dora tenía una personalidad fuerte y peculiar marcada por la ironía y el sarcasmo. Era inteligente, curiosa y activista de los derechos humanos. 

Fue amante de Picasso y un gran enigma después de su romance ya que se retiró de la vida social y se alojó en el cristianismo hasta el final de sus días. 

Toda esta historia de mujer independiente que se “derrumba” (que se derrumba es muy relativo a mi parecer) me atrajo. Me atrajo como me suele atraer todo. Con ansia de leer, ver documentales, sus obras, sus fotografías… Y me enredo días hasta que llega otro tema del que aprender.

El libro en sí contiene bastantes datos de su vida y, por ende, de la vida de Picasso. Se pueden leer muchas anécdotas curiosas en las que van desfilando artistas y escritores de la época. Se analizan determinadas obras (tanto de ella como de él) durante el período de idilio. Las aventuras sexuales y liberales que se le atribuyen al surrealismo también son narrados de forma muy sutil. El estilo es elegante, a veces tanto que huele a rancio. 

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Que haya disfrutado de la lectura por el aporte de información no quita que esté en total desacuerdo con la visión de Alicia en el punto de atribuir a la relación con el artista el comportamiento de Dora, extraño y paranoico hasta su encierro voluntario. Tuvieron un tira y afloja bastante honesto y puntiagudo, por lo que se lee. Y el afloja se alargó, como tantas veces pasa. Esa es mi apreciación.

Lo gracioso es que, en general, el libro es bastante objetivo y llevadero. Los episodios están bien escogidos y contados pero cuando la autora se mete de lleno en exponer su punto de vista (qué menos que tomarse esa licencia después de años para documentarse, obviamente)… ¡ZAS! Jarro de agua fría.

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La misma fotógrafa que inmortalizó el proceso de creación del Guernica se convirtió en la “Mujer que llora”. Me aventuro a pensar que lloraría aún más si viera el enfoque que se da de su vida, siendo la víctima de un gran tirano según la autora. 

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