7 librerías únicas en el mundo

El día 10 de noviembre se celebra el día de las librerías y he decidido recopilar algunas de las más originales que conozco. Si entro en una convencional ya es una gozada; por el olor, por el silencio, por el ambiente… pero si a eso le añadimos un toque de buen gusto y/o creatividad ¿qué más se puede pedir?

  • Atlantis Books, Santorini, Greece

Una librería de la que disfrutar tanto si entras como si sales a su terraza destinada a eventos. Se une todo, la claridad, el mar y los libros.

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  • Acqua Alta, Venecia, Italia

Una original escalera, una góndola en su interior y un aparente caos hacen que esta librería veneciana tenga un encanto tan especial.

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  • Boekhandel Selexyz Dominicanen, Maastricht, Holanda

Se trata de un templo que fue construido hace más de 800 años y fue una iglesia de estilo gótico perteneciente a la orden de los Dominicos. Sin embargo, hoy día no sirve para dar culto a la fe religiosa sino al amor por la lectura.

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  • Ptyx, Bruselas, Bélgica

En su interior no tiene nada fuera de lo común, pero me parece que esta fachada es digna de mención. Grandes genios de la literatura universal custodian su puerta. ¿No es preciosa?

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  • Hay-on-Wye, Gales

Pequeña localidad llena de librerías (algunas al aire libre) que generalmente venden libros de segunda mano y, atención, algunas ¡no tienen dependientes!. Estas últimas se hacen llamar “Honesty bookshop” y tienen una caja donde se inserta el total la compra. Allí, evidentemente, están censurados los libros electrónicos.

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  • Le Bal des Ardents, Lyon, Francia

Es la entrada que todo enamorado de la lectura querría tener en su casa ¿o no?

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  • El Ateneo, Buenos Aires, Argentina

El Ateneo es una de las librerías más populares entre los lugareños y turistas de Buenos Aires. En 2008, fue nombrada por The Guardian como la segunda librería más hermosa del mundo. Originalmente era un teatro en 1919 y una sala de cine a finales de los años 20.

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Between the lines – Kris Sanford

Un viejo diario de su abuelo datado en 1954 ha servido de inspiración (y  también de fondo) a la artista Kris Sanford para realizar su proyecto “Entre líneas” (Between the lines).

Utilizando fotografías antiguas que representan el contenido del texto ha creado esta serie que a mí, personalmente, me encanta (la idea y el resultado).

Para muestra, un botón (o cinco)

 

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Curiosidad: Nunca conoció a su abuelo

¿Os gustan tanto como a servidora? Más fotos aquí

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BOOKTAG DE LOS HÁBITOS LECTORES

¿Tienes un lugar específico para leer en tu casa?

Puedo leer en casi cualquier sitio. En casa suelo hacerlo en el sofá o en la cama (muy original). Pero mi favorito, sin duda, la cama.

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¿Marcapáginas o una pieza de papel al azar? 

Ambas cosas y al azar siempre. Lo que encuentre más a mano. Sin preferencia.

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¿Puedes parar de leer o tienes que detenerte al terminar un capítulo o un determinado número de páginas?

Intento dejar un capítulo terminado. Pero si no es posible (generalmente porque me quede dormida), tampoco me preocupa… Ya retomaré en cuanto pueda volver a la lectura.

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¿Comes o bebes mientras lees?

SI. ¿Hay algo más placentero?

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¿Ves televisión o escuchas música mientras lees?

No. Silencio.

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¿Un libro a la vez o varios al mismo tiempo?

Soy bastante cambiante así que siempre tengo empezados varios libros y los alterno según me apetezca en cada momento.

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¿Leer en casa o en cualquier parte?

Cualquier parte. Libro en la mochila, por si las moscas.

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¿Leer en voz alta o en tu cabeza?

A veces me sorprendo leyendo en voz alta, pero eso suele ocurrir cuando tengo que releer algo que no he entendido a la primera. Normalmente leo en silencio.

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¿Alguna vez lees páginas adelantadas o te saltas algunas?

Nunca. No le veo la gracia.

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¿Romper el lomo o dejarlo como nuevo?

¿Eh?

¿Escribes en tus libros?

Sí, suelo anotar, subrayar y marcar. Me gusta hacerlo porque de un simple vistazo puedo localizar rápidamente mis impresiones. Intento, a ser posible, hacerlo a lápiz.

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Cuando Matilda descubrió los libros

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Así que la joven mente de Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.

Matilda, Roal Dahl 1988

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Kafka y la muñeca viajera

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En 1923, viviendo en Berlín, Kafka solía ir a un parque, el Steglitz, que todavía existe. Un día encontró a una niñita llorando, porque había perdido su muñeca. Kafka inventó al instante una historia: la muñeca no estaba perdida, sólo se había ido de viaje, para conocer mundo. Y le había escrito a su dueña una carta, que él tenía en su casa y le traería al día siguiente. Y así fue: esa noche se dedicó a escribir la carta, con toda seriedad. (Dora Diamant, que cuenta la historia, dice: “Entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba a su escritorio, así fuera para escribir una carta o una postal”).

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Al día siguiente la niña lo esperaba en el parque, y la “correspondencia” prosiguió a razón de una carta por día, durante tres semanas. La muñeca nunca se olvidaba de enviarle su amor a la niña, a la que recordaba y extrañaba, pero sus aventuras en el extranjero la retenían lejos, y con la aceleración propia del mundo de la fantasía, estas aventuras derivaron en noviazgo, compromiso, y al fin matrimonio e hijos, con lo que el regreso se aplazaba indefinidamente. Para entonces la niña, lectora fascinada de esta novela epistolar, se había reconciliado con la pérdida, a la que terminó viendo como una ganancia.

Privilegiada niñita berlinesa, única lectora del libro más hermoso de Kafka. Me han contado, y quiero creer que es cierto, que el gran estudioso de Kafka, Klaus Wagenbach, buscó durante años a esa niña, interrogó a vecinos del parque, revisó el catastro de la zona, puso avisos en los diarios, todo en vano. Y hasta el día de hoy visita periódicamente el parque Steglitz, examina a las señoras mayores que llevan a jugar a sus nietos… La niña ya debe de ir para los noventa años, y es difícil que la encuentre. Pero el esfuerzo vale la pena. Esas cartas de la muñeca lo tienen todo para hacer soñar no sólo a un editor como Klaus Wagenbach.

Fragmento de artículo en El País por Cesar Aira

8 de mayo de 2004

Leyenda urbana o no,  esta curiosísima historia en la vida de Kafka me ha dejado una ternura indescriptible. Este fragmento inspiró al autor catalán  Jordi Sierra i Fabra a desarrollar todas esas cartas y recopilarlas en su libro Kafka y la muñeca viajera, publicado en 2006 y galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, durante el año 2007.

Ilustraciones: Isabel Torner

 

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La leyenda del tiempo – Lorca

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El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero.

Nadie puede abrir semillas 

en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño

hundido hasta los cabellos.

Ayer y mañana comen

oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,

abrazados sueño y tiempo,

cruza el gemido del niño,

la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!

¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros

en la llanura del tiempo,

el tiempo le hace creer

que nace en aquel momento.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

Federico García Lorca,  Así que pasen cinco años (1933)

La ilustración de cabecera también es del propio autor.

¡Cuánto Lorca hay en el flamenco! ¡Y que gustazo escucharlo! No sólo ha sido La leyenda del tiempo con Camarón, también El Vito con Paco de Lucía o Verde que te quiero verde (mi versión favorita es la de Alba Molina). Os dejo un enlace donde podéis escuchar su poesía por grandes artistas del flamenco. En mi casa sigue viviendo Lorca, así que pasen cien años.

¿Es flamenco Lorca, o es lorquiano el flamenco?

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Hola Margaret

Cualquiera que me conozca y me escuche sabe que mi género literario preferido es la distopía. Con Orwell de cabecera siempre. 

Inmersa en la lectura de El cuento de la criada e impactándome sobre la marcha, voy buscando información por la red referente a esta obra y sobre todo a su autora, Margaret Atwood.

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No sé porqué razón tenía la idea de que esta señora estaba muerta (como pasa con la mayoría de autores que leo) pero cuál ha sido mi sorpresa cuando me entero de que vive y colea. De hecho, hasta ha colaborado con un cameo en la adaptación que ha lanzado HBO de esta novela. 

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Llevo algún tiempo observando la campaña desmesurada que se hace para “rescatar” figuras femeninas del ámbito artístico o literario (entre otros). La mayoría de las mujeres que protagonizan esta campaña están muertas, y en muchos casos murieron sin reconocimiento (casualmente como muchos grandes autores que he leído). Yo, encima, con ansia, me pongo a buscar las peculiaridades de estas mujeres pero a veces me encuentro con que el filtro que se usa para rescatarlas es sumamente amplio. Y me entristece.

Es evidente que este bombardeo tiene una muy buena intención: darles la visibilidad que no recibieron en su momento pero ¿es práctico?. Me explico: ser conscientes de que hubo (y aún hay) poca visibilidad femenina nos tendría que llevar a dar su lugar a mujeres originales como Margaret Atwood actualmente, en vida. Y a descartar a otras, también en vida. Cómo se ha hecho con muchos hombres también. ¿Lo hacemos?

En una entrevista, la propia Atwood dice que hay que tener cuidado con el feminismo moderno, porque a veces “te encuentras apoyando un paquete que incluye cosas que nosotros no apoyábamos”.

Soy la primera que tengo iconos femeninos demasiado muertos ya. Pero a partir de éstos, de su mirada y de su trayectoria está mi baremo particular para filtrar otros muchos. No obstante esta vara de medir mía no es distinta ni flexible para mujeres, porque considero que iría en detrimento de ellas.

No soy quién para aconsejar pero por favor, equilibrio y criterio. Que estamos en crisis.

PD: Hola Margaret

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Leer no es sexy – Milena Busquets

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De un tiempo a esta parte intentan convencernos de que todo es sexy. Supongo que los especialistas en marketing y comunicación se han dado cuenta (a buenas horas) de que casi todo lo que hacemos lo hacemos por amor, para que nos quieran los demás o para querernos más a nosotros mismos. Después de todo, el narcisismo también es una forma de amor, tal vez sea incluso una de las más extendidas.

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Y como el amor es el hermano mayor y trascendente del sexo y van tan a menudo cogidos de la mano, han decidido repetirnos lo de sexy hasta la saciedad. Así que ahora resulta que la política es sexy, que las pizzas congeladas son sexis, que el feminismo es sexy, que beber zumos gigantescos de color verde oscuro es sexy, que ir al dentista es sexy, que ir en bicicleta es sexy, que limpiar la casa es sexy, que pedir una hipoteca es sexy y que leer también es sexy.

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En el caso de la lectura, entre otras muchas iniciativas para animarnos a leer, han hecho unos pósters preciosos con fotos de Paul Newman y de Marilyn Monroe en todo su esplendor, ambos leyendo, y debajo el eslogan: “Leer es sexy”. Bueno, pues tengo malas noticias para ustedes: leer no es sexy.

Leer es una experiencia honda, a veces dolorosa, casi siempre ardua (mucho más ardua que plantarse delante de la televisión o del ordenador). Leer requiere esfuerzo, concentración, constancia, paciencia, cultura, práctica y determinación. Y si queréis que os diga la verdad, escribir tampoco es nada sexy. No hablemos ya de vivir con un escritor, un ser ensimismado y gruñón que pasa la mayor parte del día en su mundo, imaginando cosas y violentando la realidad.

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Tampoco es sexy pensar. Enfrentarse una y otra vez a las propias limitaciones resulta más bien agotador y frustrante. Ni aprender alemán. Ni parir. Ni buscar una cura contra el cáncer. Ni acompañar a tu madre al médico. A veces, ni siquiera el sexo es sexy.

Es sexy que te lean un libro en voz alta, igual que es irresistible que alguien te cuente una historia cuando estás a punto de dormirte (o, si te dedicas a escribir, a cualquier hora del día), que es el equivalente humano de dejar una luz encendida para no sumirse solo y a tientas en los sueños.

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La noche es sexy, y el mar, y las fiestas de dos personas, y los coches descapotables, y el despilfarro, y los extremos. Y los casinos. Y el caviar a cucharadas. Y una caja de botellas de champán en la puerta de casa. Y una cajetilla de Ducados olvidada encima de una mesilla de noche. 

Desear es sexy (mucho más sexy que ser deseado). Y los escotes femeninos. Y también Paul Newman y Marilyn Monroe, leyendo o bailando sardanas, da igual. Pero leer, no. Leer no es sexy.

Leer es importante.

 

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10 INGOBERNABLES

Con motivo del día Internacional del Orgullo LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales) que se celebra el 28 de junio, hago una recomendación que tenía pendiente hace ya algún tiempo. Se trata de 10 ingobernables de June Fernández, editado por Libros del K.O. e ilustrado por Susana Martín.

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Sinopsis: Con la excusa de contar la vida o la rutina de gente que le ha fascinado, June Fernández habla en este libro de muchas cosas: celebra las diversidades, critica mandatos sociales, estéticos y sexuales, recupera la memoria de quienes no suelen salir en los libros de texto, descubre heroínas que esconde la historiografía machista-leninista, rompe tabúes, reivindica la risa, el cabreo, la excentricidad, la contradicción, el derecho a vivir como nos da la gana, el derecho a complicarse la vida.

¿Ser mujer y no depilarte la barba? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Salir del armario a los 40 años? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Poner tu vida en riesgo por defender los derechos de otras personas? Qué ganas de complicarte la vida. ¿No esconder la pluma ni siquiera delante de las monjas de tu residencia de ancianos? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Empeñarte en mantener vivo un juego tradicional de mujeres que a nadie le importa? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Reconciliarte con tu cuerpo en vez de llevarlo al quirófano para que te lo arreglen? Qué ganas de complicarte la vida.

Este libro recoge diez historias de gente ingobernable, que prefiere complicarse la vida que asfixiarse en el estrecho y absurdo modelo de normalidad.

No es un libro común. Quizás a primera vista parezca que vas a encontrar tópicos, pero nada más lejos de la realidad.

Trata la obesidad, la homosexualidad en el régimen franquista español, el empeño de unas gallegas por conservar un juego tradicional, la transexualidad en países latinoamericanos. Son tantos tipos de represión que es imposible no abrir el abanico de nuestros (a veces) cerrados estereotipos.

Además, (y esto es algo que yo agradezco mucho) ofrece recomendaciones de documentales, entrevistas, música… Es decir, que puedes parar la lectura y alternar el formato para situarte mejor en estas entrañables historias.

Otro atractivo de esta obra es que al ser 10 historias independientes se hace una lectura fácil pudiendo leerlas en un trayecto en transporte público, una tarde en la playa o piscina o simplemente, antes de ir a la cama, concluyendo en poco tiempo lo que acabas de empezar.

¿No es muy apetecible?

 

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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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