Archivo de la categoría: POEMAS

Yo te deseo la locura

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Yo te deseo la locura, el valor,
los anhelos, la impaciencia.
Te deseo la fortuna de los amores
y el delirio de la soledad.
Te deseo el gusto por los cometas,
por el agua y los hombres.
Te deseo la inteligencia y el ingenio.
Te deseo una mirada curiosa,
una nariz con memoria,
una boca que sonría
y maldiga con precisión divina,
unas piernas que nunca envejezcan,
un llanto que te devuelva la entereza.
Te deseo el sentido del tiempo
que tienen las estrellas,
el temple de las hormigas,
la duda de los templos.
Te deseo fe en los augurios,
en la voz de los muertos,
en la boca de los aventureros,
en la paz de los hombres que olvidan su destino,
en la fuerza de tus recuerdos
y en el futuro como promesa
donde cabe todo lo que aún no te sucede…

Ángeles Mastretta

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Cinco caligramas para amar la poesía

La palabra caligrama procede del francés calligramme, y ésta, a su vez, del griego kállos (belleza) y grammé (trazo, contorno) = figura bella. 

Un caligrama o poema visual es un texto en el que las palabras se usan como si fueran el trazo de un dibujo.

Comparto algunos que me han parecido preciosos y no descarto aventurarme a intentar hacer alguno por mi misma. 

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Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), Miguel Hernández

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El ojo que ves no es  ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve. Antonio Machado.

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Camino de sol · por las rutas amigas · unas hormigas. Joan Salvat-Papasseït.

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Poesía de Federico García Lorca.

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Oda a la tristeza. Pablo Neruda.

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Mujeres condenadas

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Como bestias inmóviles tumbadas en la arena,
Vuelven sus ojos hacia el oceánico horizonte,
Y sus pies que se buscan y sus manos unidas,
Tienen dulces caídas y temblores amargos.

Las unas, corazones que aman las confidencias,
En el fondo del bosque donde el arroyo canta,
Deletrean el amor de su pubertad tímida,
Y marcan en el tronco a los árboles tiernos;

Las otras, como hermanas, andan graves y lentas,
A través de las peñas llenas de apariciones,
Donde San Antonio vio surgir como la lava
Aquellas tentaciones con los senos desnudos;

Y las hay, que a la luz de líquidas resinas,
En el hueco ya mudo de los antros paganos,
Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre.
¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!

Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,
Que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,
Mezclan en las sombrías y solitarias noches,
La espuma del placer con el llanto del suplicio.

Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
De toda realidad desdeñosos espíritus,
Ansiosas de infinito, devotas, vampiresas,
Ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.

Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno,
¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,
Por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas de amor que vuestro pecho encierra.

Femmes damnées, Charles Baudelaire (1821-1867)

Les Fleurs du mal

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Como el aire que exigimos

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Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

 

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Lo que dejé por ti de Rafael Alberti

Rafael Alberti pasó 15 años de su exilio en Roma y allí, según él mismo contaba en una entrevista, logró estudiar a fondo la pintura. Tenía por esta época doble nostalgia ya que había vuelto a Europa desde Argentina donde pasó 24 años y  añoraba América y España. Así lo plasma en este poema que hoy comparto:

Ah! cchi non vede sta parte de monno
Nun za nnemmanco pe cche ccosa è nnato.
G.G.Belli

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

(Roma, peligro para caminantes, 1964-67)

firmaalberti

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ERRORES DE CÁLCULO EN LA MIRADA

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Ilustración: Karolina Koryl

El error es mirar lo de ayer con ojos de hoy,
querer que las cosas vuelvan a ser igual
cuando tú ya no eres el mismo,
como si se pudieran reciclar los suspiros
o dar un mismo beso por segunda vez.
Los mudos no gritan, los sordos no ven la música,
con las cinco letras que se escribe tarde
no puedes escribir ahora,
el amor que fue, ese ya nunca vuelve.

.

Marwan

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GENTE NECESARIA de Hamlet Lima Quintana

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Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.

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Curiosidades sobre la relación de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí

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Zenobia Camprubí fue un eje fundamental en la vida de Juan Ramón Jimenez. No sólo en su vida, también en su obra brillante y extensa.

Ella, que tenía aficiones literarias en su juventud, decide facilitar al poeta el desempeño de su vocación sin dejar de lado su actividad constante. Me ha parecido interesante compartir cinco curiosidades acerca de la relación entre ambos: de admiración mutua, generosa y desinteresada (como tendrían que ser todas).

¡Empezamos!

  1. Juan Ramón se interesó por Zenobia primeramente por el sonido de su risa

Él era hiperestésico (distorsión sensorial en que los estímulos, incluso los de baja intensidad, se perciben de forma anormalmente intensa). En este caso su hiperestesia se centraba en el ruido. Vivía en constantes mudanzas buscando el silencio absoluto. Zenobia frecuentaba por aquel entonces (1913) la residencia de unos amigos donde, pared con pared, se alojaba el escritor. Juan Ramón Jimenez, sin haberla visto en persona, escuchó su risa, sus bromas y su jovialidad y preguntó quien era aquella muchacha a sus vecinos. Se conocieron poco tiempo más tarde en una conferencia.

2. Cartas serias por parte del poeta y burlonas por parte de Zenobia

Ella se sintió atraída por él pero se resistía a sus encantos influenciada por su madre que creía que la profesión de escritor no era ni sería sustento para su hija. Juan Ramón no tardó en demostrar que sus intenciones eran serias explicando en sus cartas sus ingresos por las obras que publicaba y los proyectos que tenía en desarrollo.

“Yo estoy casi terminando mi librito Elegía a la muerte de un hombre puro, cuya edición íntegra voy a regalar a la Institución para el fondo de la fundación Giner. Serán 3.000 pesetas. 1000 ejemplares a 3 pesetas que se venderán de mano a mano. Sin librero. Para evitar el descuento horrible que hacen.”

Zenobia, de carácter alegre, se burlaba de forma picaresca de quién, melancólico y depresivo, sería su esposo dos años más tarde.

“¿Porqué está usted siempre con esa cara de alma en pena? Si es usted un ciprés, más parado y sombrío que los del Generalife.”

También fue muy crítica con su obra. Y así se lo hacía saber.

“Anoche leí Laberinto. Lo leí porque lo había escrito usted. Conste que si no, estoy segura de que no hubiera aguantado hasta el final. Y cuando lo concluí tenía una rabia contra usted…”

3. Colaboraciones

Hubo una etapa de colaboración literaria  entre Juan Ramón y Zenobia, que los llevó a traducir la obra de Rabindranath Tagore al español. Zenobia se ocupaba de traducir literalmente y Juan Ramón le daba forma poética. El primer libro que publicaron conjuntamente fue La Luna Nueva, que apareció con las iniciales de Zenobia y con un poema de Juan Ramón. El libro tuvo un enorme éxito, aunque a ella le disgustó mucho que apareciera su nombre, pues dejaba ver su relación, algo que llevaban en secreto, y porque creía que todo el mérito era del poeta. Este fue el comienzo de una enorme tarea traductora y no sólo tradujeron gran parte de la obra de Tagore, sino también de obras de otros autores, como Shakespeare o Poe.

4. Suicidio de Marga Gil

Marga Gil era una reputada escultora, ilustradora y poetisa española. Conocida del matrimonio y admiradora de Juan Ramón. Estaba trabajando en el busto de Zenobia en su propia casa cuando decidió suicidarse por estar enamorada del poeta y no ser correspondida. Dejó diversos escritos antes de acabar con su vida a sus familiares y también a Juan Ramón y a su mujer. Ellos nunca se percataron de el amor de Marga. 

Cómo curiosidad añadida sobre esta artista cabe destacar que una de sus ilustraciones publicada en 1933, once años anterior a las de Le petit prince de Saint-Exupèry, es tan parecida a las de este cuento que todo el mundo que la ve se supone que le imitó. Todo invita a pensar que el aviador conoció las ilustraciones de Marga.

5. Zenobia animó la iniciativa para solicitar el Nobel de Literatura de J. Ramón

Él no estaba interesado en premios ni homenajes ya que consideraba que el mayor de los premios era poder dedicarse a la escritura. Pero ella insistió y movió contactos en Estados Unidos para que el trabajo de toda una vida se viera reconocido a nivel mundial. Tres días antes de morir de cáncer, Zenobia recibe la noticia de que el premio ha sido concedido a su marido.

“Mi esposa Zenobia es la verdadera ganadora del premio. Porque su compañía, su ayuda, su inspiración a lo largo de cuarenta años han hecho posible mi trabajo. Hoy me encuentro, sin ella, desolado y sin fuerzas.” 

Zenobia: eres graciosa, intensa, encantadora; fina de cuerpo y alma; amas lo humano y percibes lo divino; sientes la naturaleza, la música, la pintura, la poesía, la filosofía, la historia, todas las artes y todas las ciencias. Eres buena compañera de hogar, de viaje y de trabajo. Siempre estás dispuesta a trabajar o a gozar. No eres interesada. Eres cumplidora, digna y generosa. No pides nada a nadie. Das todo. Te acomodas a todas las circunstancias y las resuelves alegremente. Ríes siempre, a veces por no llorar.
Con un abrazo permanente Juan Ramón

Fuentes:
Documentales sonoros de RNE
Fundación Juan Ramón Jiménez
Biografía Marga Gil Roësset
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Utopías

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Cómo voy a creer, dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías.

Cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza.

Cómo voy a creer, dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea.

Cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada.

Cómo voy a creer, dijo el fulano
que tu cuerpo mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer, mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro.

Cómo voy a creer, dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos, mengana dulce
osada, eterna
si vos, sos mi utopía.

.

Mario Benedetti

Ilustración: Amanda Chung
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A veces – Hovik Keuchkerian

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A veces y solo a veces creo en mí.

Puedo mirarme, sé que estoy porque puedo verme,

sé que no es verdad porque no me siento.

A veces quiero ser yo mientras me niego.

Quiero besarme pero no llego.

A veces me abrazaría pero no tengo brazos que me cojan.

No sé si vivo o viví ya y esto es un recuerdo.

Días me conozco y días me busco, aunque no me he movido.

No me he movido pero no estoy donde estaba.

He vuelto sobre mí mismo encontrando algo en lo que no creo.

Yo no quiero ser ese, porque a veces quiero ser yo pero a veces me niego.

Quiero saber si soy verdad o si me engaño.

Si he nacido o estoy muriendo.

A veces me río de mí, a veces la risa soy yo.

A veces el miedo me aconseja, a veces me anula.

Toco mis ojos porque no siento si lloran,

toco mis labios para saber si dicen verdad.

Y todo porque a veces quiero ser yo pero a veces me niego.

.

Hovik Keuchkerian

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