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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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Ego

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“¿Acaso nos hacen favores los hombres por nosotros mismos? No lo creamos, querida: lo hacen por ostentación, por orgullo. ¿No es humillante, desde ese momento, convertirse así en el juguete del amor propio de los demás? ¿No lo es más todavía tener que estar agradecido por ello? Nada cuesta tanto como un beneficio recibido. Nada de términos medios: o lo devolvemos o nos envilece. Las almas orgullosas soportan mal el peso del beneficio: pesa sobre ellas con tanta violencia que el único sentimiento que exhalan es el de odio por el bienhechor.”

Filosofía en el tocador – Donatien Alphonse François de Sade

Entre escena y escena del Marqués con sus compañeros y compañeras de alcoba, éste con un sentido muy crítico de la humanidad, da unos discursos de moralidad, política y religión que te hacen levantar la vista del libro y recapacitar sobre lo leído. Porque necesitas ese respiro. 

No es mi primer post relacionado con la ayuda proporcionada y la ayuda recibida. Debe haber algo en mi subconsciente que subraya siempre estos fragmentos.

En Los besos en el pan de Almudena Grandes se narra (entre otras muchas) la historia de una señora muy bien ataviada que iba al colegio a recoger a su nieta todos los días.

En el colegio de su nieta repartían bocadillos a los niños que lo “olvidaban” en casa. La historia real era que las familias decidían ahorrar ese gasto con la escusa de que sus hijos llegarían con más hambre al almuerzo. Pero sus hijos pasaban hambre en los recreos. 

Una de esas niñas era la nieta de la señora que se enfrentó con la profesora que promovía la ayuda, amenazándola incluso con una denuncia si seguía insistiendo en que eran unos pobretones que no tenían con qué alimentar a su nieta en su descanso matutino.

Y se estudiarán las “Consecuencias de la crisis de España” con aspectos muy generales y será en los libros donde encontraremos las autenticas historias, como ha sido siempre. Pero ese es otro tema.

Nos podemos quedar con “Las almas orgullosas soportan mal el peso del beneficio” o “Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla”. Siglo XVIII o XXI. ¿Qué preferís?

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Besar el pan

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Este fragmento muestra la esencia de “Los besos en el pan”. Un libro actual escrito para mi gusto con mucha elegancia por Almudena Grandes que refleja la crisis de España en familias de andar por casa.

Tiene un toque de nostalgia, una pizca de rebeldía y mucho de optimismo. No del optimismo que vende humo. Un optimismo pragmático sin nada de azúcar.

“Cuando se caía un trozo de pan al suelo, los adultos obligaban a los niños a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera, tanta hambre habían pasado sus familias en aquellos años en los que murieron todas esas personas queridas cuyas historias nadie quiso contarles.

Los niños que aprendimos a besar el pan hacemos memoria de nuestra infancia y recordamos la herencia de un hambre desconocida ya para nosotros, esas tortillas francesas tan asquerosas que hacían nuestras abuelas para no desperdiciar el huevo batido que sobraba de rebozar el pescado. Pero no recordamos la tristeza.

La rabia sí, las mandíbulas apretadas, como talladas en piedra, de algunos hombres, algunas mujeres que en una sola vida habían acumulado desgracias suficientes como para hundirse seis veces, y que sin embargo seguían de pie. Porque en España, hasta hace treinta años, los hijos heredaban la pobreza, pero también la dignidad de sus padres, una manera de ser pobres sin sentirse humillados, sin dejar de ser dignos de luchar por el futuro.”

Dejo aquí un enlace al capítulo introductorio de este libro en PDF, porque creo que es digno de lectura y porque es sábado.

ANTES – Los besos del pan en PDF

¡Feliz fin de semana!

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Lecturas al sol

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¿Habéis leído este libro? ¿Os gustó? Ha sido un regalo de mi madre y la verdad es que las lecturas en papel se echan de menos. Y el sol. Si lo mezclamos todo ya podéis imaginaros como estoy. Una nube con mi santa madre cerquita.
Esto se acaba pero las pilas ya van a tope.

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