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Cuando Matilda descubrió los libros

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Así que la joven mente de Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.

Matilda, Roal Dahl 1988

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Kafka y la muñeca viajera

Franz Kafka cartas para Elsi1

En 1923, viviendo en Berlín, Kafka solía ir a un parque, el Steglitz, que todavía existe. Un día encontró a una niñita llorando, porque había perdido su muñeca. Kafka inventó al instante una historia: la muñeca no estaba perdida, sólo se había ido de viaje, para conocer mundo. Y le había escrito a su dueña una carta, que él tenía en su casa y le traería al día siguiente. Y así fue: esa noche se dedicó a escribir la carta, con toda seriedad. (Dora Diamant, que cuenta la historia, dice: “Entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba a su escritorio, así fuera para escribir una carta o una postal”).

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Al día siguiente la niña lo esperaba en el parque, y la “correspondencia” prosiguió a razón de una carta por día, durante tres semanas. La muñeca nunca se olvidaba de enviarle su amor a la niña, a la que recordaba y extrañaba, pero sus aventuras en el extranjero la retenían lejos, y con la aceleración propia del mundo de la fantasía, estas aventuras derivaron en noviazgo, compromiso, y al fin matrimonio e hijos, con lo que el regreso se aplazaba indefinidamente. Para entonces la niña, lectora fascinada de esta novela epistolar, se había reconciliado con la pérdida, a la que terminó viendo como una ganancia.

Privilegiada niñita berlinesa, única lectora del libro más hermoso de Kafka. Me han contado, y quiero creer que es cierto, que el gran estudioso de Kafka, Klaus Wagenbach, buscó durante años a esa niña, interrogó a vecinos del parque, revisó el catastro de la zona, puso avisos en los diarios, todo en vano. Y hasta el día de hoy visita periódicamente el parque Steglitz, examina a las señoras mayores que llevan a jugar a sus nietos… La niña ya debe de ir para los noventa años, y es difícil que la encuentre. Pero el esfuerzo vale la pena. Esas cartas de la muñeca lo tienen todo para hacer soñar no sólo a un editor como Klaus Wagenbach.

Fragmento de artículo en El País por Cesar Aira

8 de mayo de 2004

Leyenda urbana o no,  esta curiosísima historia en la vida de Kafka me ha dejado una ternura indescriptible. Este fragmento inspiró al autor catalán  Jordi Sierra i Fabra a desarrollar todas esas cartas y recopilarlas en su libro Kafka y la muñeca viajera, publicado en 2006 y galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, durante el año 2007.

Ilustraciones: Isabel Torner

 

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Leer no es sexy – Milena Busquets

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De un tiempo a esta parte intentan convencernos de que todo es sexy. Supongo que los especialistas en marketing y comunicación se han dado cuenta (a buenas horas) de que casi todo lo que hacemos lo hacemos por amor, para que nos quieran los demás o para querernos más a nosotros mismos. Después de todo, el narcisismo también es una forma de amor, tal vez sea incluso una de las más extendidas.

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Y como el amor es el hermano mayor y trascendente del sexo y van tan a menudo cogidos de la mano, han decidido repetirnos lo de sexy hasta la saciedad. Así que ahora resulta que la política es sexy, que las pizzas congeladas son sexis, que el feminismo es sexy, que beber zumos gigantescos de color verde oscuro es sexy, que ir al dentista es sexy, que ir en bicicleta es sexy, que limpiar la casa es sexy, que pedir una hipoteca es sexy y que leer también es sexy.

Paul Newman

En el caso de la lectura, entre otras muchas iniciativas para animarnos a leer, han hecho unos pósters preciosos con fotos de Paul Newman y de Marilyn Monroe en todo su esplendor, ambos leyendo, y debajo el eslogan: “Leer es sexy”. Bueno, pues tengo malas noticias para ustedes: leer no es sexy.

Leer es una experiencia honda, a veces dolorosa, casi siempre ardua (mucho más ardua que plantarse delante de la televisión o del ordenador). Leer requiere esfuerzo, concentración, constancia, paciencia, cultura, práctica y determinación. Y si queréis que os diga la verdad, escribir tampoco es nada sexy. No hablemos ya de vivir con un escritor, un ser ensimismado y gruñón que pasa la mayor parte del día en su mundo, imaginando cosas y violentando la realidad.

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Tampoco es sexy pensar. Enfrentarse una y otra vez a las propias limitaciones resulta más bien agotador y frustrante. Ni aprender alemán. Ni parir. Ni buscar una cura contra el cáncer. Ni acompañar a tu madre al médico. A veces, ni siquiera el sexo es sexy.

Es sexy que te lean un libro en voz alta, igual que es irresistible que alguien te cuente una historia cuando estás a punto de dormirte (o, si te dedicas a escribir, a cualquier hora del día), que es el equivalente humano de dejar una luz encendida para no sumirse solo y a tientas en los sueños.

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La noche es sexy, y el mar, y las fiestas de dos personas, y los coches descapotables, y el despilfarro, y los extremos. Y los casinos. Y el caviar a cucharadas. Y una caja de botellas de champán en la puerta de casa. Y una cajetilla de Ducados olvidada encima de una mesilla de noche. 

Desear es sexy (mucho más sexy que ser deseado). Y los escotes femeninos. Y también Paul Newman y Marilyn Monroe, leyendo o bailando sardanas, da igual. Pero leer, no. Leer no es sexy.

Leer es importante.

 

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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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Tú no te irás – Rafael Alberti

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Ven, mi amor, en la tarde del Aniene
y siéntate conmigo a ver viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.

Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de tu sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene

Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
Aun yéndote, mi amor, jamás te irías.

Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy.
Y en ese viento siempre, me verías.

Nota: A pesar de gustarme mucho la poesía de Alberti, he llegado a este poema por medio del escritor mexicano Benito Taibo. Recomiendo ver su TEDx Talk. Apuesto que cualquier lector se emocionará con sus palabras. Confieso que, como mujer intensa que soy, me se trozos del vídeo de memoria. 

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La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

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“¡Qué título tan potente el de este libro!” – Pensé la primera vez que oí hablar de él. Busqué un poco de información. Sinopsis:

Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

No me convenció. Me sonaba a Love actually. No me interesaba.

Vuelve a aparecer su título. Vuelvo a buscar la sinopsis y alguna opinión (tengo poca memoria). Nada, cuando recordé la comedia romántica lo descarté de nuevo.

Empiezo a leer comentarios de gente enamorada de su lectura. No me atrae a pesar de las buenas reseñas, incluso he llegado a leer que es un libro que cambia la vida.

Cabe mencionar que el título seguía y sigue impactándome, independientemente de mi opinión ahora. Así que la curiosidad mató al gato y me lo zampé.

Encontré en él muchos temas aparte de celos, sexo, infidelidad, amor, etc.  Es por ello que pienso que la sinopsis no refleja la esencia de la obra. En ella no se cuenta que se hablará también de movimientos políticos, religión, respeto a los animales, o la subjetividad entre otras cosas. Hay alguna reflexión destacable, como por ejemplo la del vértigo:

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

No ha cambiado mi vida (hay libros que la cambian, pero este no es uno de ellos). Aún no se realmente qué me ha causado La insoportable levedad del ser aparte de un conflicto entre mis expectativas y la realidad. Mentiría si dijera que no me enganchó al principio pero se fue desinflando poco a poco ya que, a medida que avanzaba, me parecía filosofía barata. Yo nunca catalogaría esta obra como filosófica, como está catalogada (como si fuese yo alguien para catalogar).

En mi opinión ni la sinopsis hace honor al libro, ni el libro hace honor al título.

Ahora bien, al César lo que es del César. En la sexta parte llamada La Gran Marcha me pareció salir de la novela y meterme en una distopía que refleja los comportamientos humanos ante una situación extrema. Ese fragmento sí que me gustó bastante y, como veis, no tiene nada que ver con la presentación que se da del libro.

¿Qué os ha parecido a los que lo habéis leído?

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Menos mal que la mujer que llora está muerta

Hace unos días terminé de leer la biografía de Dora Maar escrita por Alicia Dujovne Ortiz, titulada “Dora Maar. Prisionera de la mirada”.

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Para entrar un poco en materia Dora fue artista plástica, fotógrafa, pintora y escultora en el siglo XX. Y no sólo eso. Dora tenía una personalidad fuerte y peculiar marcada por la ironía y el sarcasmo. Era inteligente, curiosa y activista de los derechos humanos. 

Fue amante de Picasso y un gran enigma después de su romance ya que se retiró de la vida social y se alojó en el cristianismo hasta el final de sus días. 

Toda esta historia de mujer independiente que se “derrumba” (que se derrumba es muy relativo a mi parecer) me atrajo. Me atrajo como me suele atraer todo. Con ansia de leer, ver documentales, sus obras, sus fotografías… Y me enredo días hasta que llega otro tema del que aprender.

El libro en sí contiene bastantes datos de su vida y, por ende, de la vida de Picasso. Se pueden leer muchas anécdotas curiosas en las que van desfilando artistas y escritores de la época. Se analizan determinadas obras (tanto de ella como de él) durante el período de idilio. Las aventuras sexuales y liberales que se le atribuyen al surrealismo también son narrados de forma muy sutil. El estilo es elegante, a veces tanto que huele a rancio. 

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Que haya disfrutado de la lectura por el aporte de información no quita que esté en total desacuerdo con la visión de Alicia en el punto de atribuir a la relación con el artista el comportamiento de Dora, extraño y paranoico hasta su encierro voluntario. Tuvieron un tira y afloja bastante honesto y puntiagudo, por lo que se lee. Y el afloja se alargó, como tantas veces pasa. Esa es mi apreciación.

Lo gracioso es que, en general, el libro es bastante objetivo y llevadero. Los episodios están bien escogidos y contados pero cuando la autora se mete de lleno en exponer su punto de vista (qué menos que tomarse esa licencia después de años para documentarse, obviamente)… ¡ZAS! Jarro de agua fría.

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La misma fotógrafa que inmortalizó el proceso de creación del Guernica se convirtió en la “Mujer que llora”. Me aventuro a pensar que lloraría aún más si viera el enfoque que se da de su vida, siendo la víctima de un gran tirano según la autora. 

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Actitudes literarias

13686613_593452540832937_3501738031655437120_nAntes de empezar pido perdón a aquellos que estudian estas actitudes como síndromes. Por más que leo e intento profundizar en el tema no veo esa connotación negativa que encuentro en algunas definiciones y estudios. Por eso, lo prefiero llamar actitudes ante la vida basadas en obras de la literatura.

Bovarismo: estado de insatisfacción crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas.

Se le adjudica esta actitud al adulterio pero, como bien escribe Martín Palma en su blog Carta Náutica, todos adolecemos en mayor o menor grado de Bovarismo y podríamos eventualmente estar tentados a evasiones diversas. Es por ello que él reivindica (y yo me uno) una lectura de Madame Bovary mucho más amplia (o simple) que en lo que se refiere a triángulos amorosos: evasión por insatisfacción. Escapar y refugiarse en la literatura, las artes, el cine, el deporte, la naturaleza, el alcohol o las drogas (las evasiones no siempre son saludables).

Quijotismo:  nace de la certeza de que es posible cambiar lo existente por algo que todavía no existe sólo con que los hombres se convenzan de las bondades del cambio y lo abracen con el mismo entusiasmo que la minoría que lo promueve.

La insatisfacción, tanto en Emma Bovary como en el ingenioso hidalgo, es promovida por los libros: novelas románticas o de caballerías respectivamente.

Stendhal: situación anímica que se produce al observar obras de gran belleza, sobre todo en un corto espacio de tiempo y en una misma ciudad.

Estos síntomas aparecen descritos por primera vez en Naples and Florence: A Journey from Milan to Reggio, obra del novelista francés Marie-Henry Beyle (1783-1842), más conocido como Stendhal, tras su visita a Florencia en 1817. Por ello también se le denomina “Sindrome de Florencia”.

Y bien, ¿no son necesarias estas  actitudes hoy en día siempre?

 

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Reto literario incumplido 2016

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En mi Reto literario 2016 (que empecé en septiembre) me propuse hacer 12 lecturas de géneros diferentes con el fin de ordenar mi lista interminable de libros por leer y, además, variar en contenido. Como adelanto os digo que el resultado del reto aparentemente es un fracaso. He conseguido leer 7 obras, de las que por supuesto tengo algo que decir:

  • Novela epistolar: Frankenstein, Mary Shelley.

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Sorpresa. Tenía una tendencia bastante alimentada a creer que Frankenstein o El Moderno Prometeo era una historia de terror espeluznante. Y para mí lo más espeluznante es que me plantee si verdaderamente las personas que han trabajado y/o colaborado en las infinitas adaptaciones que se ha hecho de esta novela hayan leído la historia original.

Víctor Frankenstein con su afán de superación y el monstruo con su necesidad de amor nos muestran la naturaleza humana según Mary Shelley. Se pueden extrapolar tantos temas implícitos en esta pequeña obra que, repito, me da pavor pensar que gente competente haya pasado por alto la profundidad con la que merece ser tratada.

  • Teatro: El genio alegre, Hermanos Álvarez Quintero.

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Risa. Obra arraigada a Andalucía con unos toques sarcásticos e irónicos que se agradecen. La profundidad aquí es mucho más palpable y el mensaje más directo: con el genio alegre se lleva mejor la vida. Cómo veis por ser sencillo no es menos importante. Me gustaría resaltar a Lucío, uno de los personajes más simpáticos que recuerdo en todo este año de lectura.

  • Distopía: Un mundo feliz, Aldous Huxley.

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Cae como un jarro de agua fría y te despierta de tal forma que te hace creer que la llamada “resaca literaria” existe. Ya hace algún tiempo que lo leí y, la verdad, tenía ganas de verlo con cierta perspectiva por todo lo que me había hecho sentir.

Algo tendrá que ver que la distopía sea mi género favorito, pero si tuviera que elegir cual ha sido mi mejor lectura de 2016 sin duda sería Un mundo feliz.

  • Poesía: Las flores del mal, Charles Baudelaire.

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Si ya me parece difícil transmitir lo que percibo de mis lecturas en prosa imaginaos si intentase hacerlo de las lecturas en verso. Pero agradezco a Hilos Primitivos su recomendación aquel día que propuse el reto porque definitivamente Baudelaire tiene otro nivel Maribel.

  • Autobiografía: Mientras escribo, Stephen King.

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Acercamiento. Sinceramente no he leído nada de este autor por no ser un género que me llamara la atención pero me generaba mucha curiosidad la vida de un escritor tan prolífico. Y fue en esta obra donde encontré el fragmento “Qué es escribir”  en la que resume su visión sobre la escritura como profesión. Recomiendo que, si no lo habéis hecho, dediquéis apenas cinco minutillos a su lectura.

  • Novela policíaca: Matar un ruiseñor, Harper Lee.

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Esperaba más de este libro. No es por criticar, de hecho la obra está bien escrita, el argumento es bueno, los personajes me gustan, la niña como voz narradora también, pero quizás mis expectativas estaban más altas o mi nivel de sensibilidad más bajo. No lo sé. El caso es que este libro tiene críticas muy buenas y por mí ha pasado como una lectura amena sin más.

  • Literatura infantil: Matilda, Roald Dahl.

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Diversión. Opté por Roald Dahl por recomendación de Mr. Poecraft Hyde y aproveché que mi sobrina de 8 años tenía Matilda entre sus libros. Ha sido una buena elección para acabar el año por el estilo fresco que conllevan las historias infantiles. Un toque de sensatez, un toque de fantasía, amor por la literatura de un espíritu inquieto… Matilda me ha ganado. Y Dahl también.

¿Siento frustración por no cumplir el reto?

No. Con aprovechar los ratos que tengo para evadirme con la lectura me siento más que satisfecha. Ni me he planteado leer con más prisa y menos profundidad (y disfrute) por haberme propuesto este reto. De hecho me he salido de la lista en varias ocasiones y he empezado otros títulos por simple ansia y desorden.

¿Habrá reto para 2017?

Me temo que este proyecto piloto 2016 ha dejado claro que planear a largo plazo en una afición tan viva es inútil (al menos para mi dispersión).

¡Feliz entrada de año!

 

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Distender

Según la RAE: Aflojar, relajar o disminuir la tensión de algo.

Todos necesitamos en lo arduo de la rutina intercalar soplos de frescura. Aunque la rutina no sea tensa (para algunos más que para otros), siempre necesita de variaciones para que justamente no nos parezca eso, rutinaria. Aunque lo sea. 

¿Son estas variaciones distensoras tanto o más importantes que la rutina propiamente dicha? Sí, por supuesto. Como lo son admirar la naturaleza después de un día abrumador de trabajo o sin él, pasar un rato a la mesa con la familia compartiendo comida, vino, anécdotas y chistes o el silencio sin más.

Mi rutina lectora dista mucho de ser pesada. De hecho, es mi vía de escape por excelencia. Pero es curioso que, dentro de esta rutina, me sirva de variaciones, como el teatro y la poesía, para aportar esa frescura que necesito cuando hay libros que, o bien no me han terminado de convencer o justamente lo contrario, me han dejado tan sorprendida que no sepa a qué recurrir que esté a la altura (en este último caso, más que distender, necesito “olvidar” la impresión en un tiempo prudencial).

Y es aquí donde vengo a recomendar una obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero: El genio alegre. Dicha obra se empeña en recalcar lo importante que es para sobrellevar los días una actitud alegre y positiva, donde la risa sea siempre protagonista en lugar de pesadumbres, quejas u orden.

Es cómica sin caer en lo vulgar, arraigada a Andalucía y sus acentos, de carácter costumbrista sin entrar demasiado en crítica ni símbolismos, con pocos pero simpáticos personajes. Una obra para, al fin y al cabo, distender.

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Curiosidad: El compositor italiano Franco Vittadini le puso música convirtiéndola en la ópera Anima allegra.

P.D: El apunte inferior referente a los acentos en el reparto de los personajes muestra el hincapié que hacen los autores en su representación o lectura. ❤

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