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Habitación 101

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Cualquier enamorado de la famosa distopía de George Orwell, 1984, sabrá que en la habitación 101 (ubicada en el Ministerio del Amor) es dónde se lleva a los sospechosos para someterlos a lo que más temen.

En el caso de Winston Smith, nuestro protagonista, se le coloca una jaula en la cabeza llena de ratas (su mayor miedo) para que reniegue de su amor por Julia y ame al Gran Hermano.

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Cada víctima puede evitar la aplicación real de la tortura sólo traicionando los últimos vínculos humanos que le queden y admitiendo la supremacía del partido y del estado. Qué horror ¿eh?

Me ha parecido curioso leer que algunos viejos hoteles británicos carecen de ella en honor a la novela de Orwell. Muchos pensarán que se trate de un error sin más, otros de un tema supersticioso.

Lo cierto es que esta habitación ha servido de inspiración en diferentes ámbitos. Tenemos por ejemplo la habitación de Neo en la película Matrix o el programa televisivo “Room 101” de la BBC, entre otros muchos.

Cómo se acerca el mes de abril en el que todos (lectores y no lectores) homenajearemos los libros, propongo un cuento infantil que fomente el amor por la lectura. Se trata de Habitación 101 del escritor Ramón Cerdá. Se puede leer en su blog personal o escucharlo en Youtube de la propia voz del autor.

En este breve texto he querido además hacer unos modestos y personales homenajes literarios: La habitación 101 aparece en el famoso libro 1984 de George Orwell, donde también la gente se enfrentaba a sus miedos. El hotel Overlook es donde transcurre la mayor parte de la historia de El resplandor, de Stephen King, y El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas es en realidad el primer libro de adulto que leí siendo un niño.

Ramón Cerdá sobre su cuento infantil Habitación 101

 

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Actitudes literarias

13686613_593452540832937_3501738031655437120_nAntes de empezar pido perdón a aquellos que estudian estas actitudes como síndromes. Por más que leo e intento profundizar en el tema no veo esa connotación negativa que encuentro en algunas definiciones y estudios. Por eso, lo prefiero llamar actitudes ante la vida basadas en obras de la literatura.

Bovarismo: estado de insatisfacción crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas.

Se le adjudica esta actitud al adulterio pero, como bien escribe Martín Palma en su blog Carta Náutica, todos adolecemos en mayor o menor grado de Bovarismo y podríamos eventualmente estar tentados a evasiones diversas. Es por ello que él reivindica (y yo me uno) una lectura de Madame Bovary mucho más amplia (o simple) que en lo que se refiere a triángulos amorosos: evasión por insatisfacción. Escapar y refugiarse en la literatura, las artes, el cine, el deporte, la naturaleza, el alcohol o las drogas (las evasiones no siempre son saludables).

Quijotismo:  nace de la certeza de que es posible cambiar lo existente por algo que todavía no existe sólo con que los hombres se convenzan de las bondades del cambio y lo abracen con el mismo entusiasmo que la minoría que lo promueve.

La insatisfacción, tanto en Emma Bovary como en el ingenioso hidalgo, es promovida por los libros: novelas románticas o de caballerías respectivamente.

Stendhal: situación anímica que se produce al observar obras de gran belleza, sobre todo en un corto espacio de tiempo y en una misma ciudad.

Estos síntomas aparecen descritos por primera vez en Naples and Florence: A Journey from Milan to Reggio, obra del novelista francés Marie-Henry Beyle (1783-1842), más conocido como Stendhal, tras su visita a Florencia en 1817. Por ello también se le denomina “Sindrome de Florencia”.

Y bien, ¿no son necesarias estas  actitudes hoy en día siempre?

 

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