Archivo de la etiqueta: feminismo

Hola Margaret

Cualquiera que me conozca y me escuche sabe que mi género literario preferido es la distopía. Con Orwell de cabecera siempre. 

Inmersa en la lectura de El cuento de la criada e impactándome sobre la marcha, voy buscando información por la red referente a esta obra y sobre todo a su autora, Margaret Atwood.

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No sé porqué razón tenía la idea de que esta señora estaba muerta (como pasa con la mayoría de autores que leo) pero cuál ha sido mi sorpresa cuando me entero de que vive y colea. De hecho, hasta ha colaborado con un cameo en la adaptación que ha lanzado HBO de esta novela. 

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Llevo algún tiempo observando la campaña desmesurada que se hace para “rescatar” figuras femeninas del ámbito artístico o literario (entre otros). La mayoría de las mujeres que protagonizan esta campaña están muertas, y en muchos casos murieron sin reconocimiento (casualmente como muchos grandes autores que he leído). Yo, encima, con ansia, me pongo a buscar las peculiaridades de estas mujeres pero a veces me encuentro con que el filtro que se usa para rescatarlas es sumamente amplio. Y me entristece.

Es evidente que este bombardeo tiene una muy buena intención: darles la visibilidad que no recibieron en su momento pero ¿es práctico?. Me explico: ser conscientes de que hubo (y aún hay) poca visibilidad femenina nos tendría que llevar a dar su lugar a mujeres originales como Margaret Atwood actualmente, en vida. Y a descartar a otras, también en vida. Cómo se ha hecho con muchos hombres también. ¿Lo hacemos?

En una entrevista, la propia Atwood dice que hay que tener cuidado con el feminismo moderno, porque a veces “te encuentras apoyando un paquete que incluye cosas que nosotros no apoyábamos”.

Soy la primera que tengo iconos femeninos demasiado muertos ya. Pero a partir de éstos, de su mirada y de su trayectoria está mi baremo particular para filtrar otros muchos. No obstante esta vara de medir mía no es distinta ni flexible para mujeres, porque considero que iría en detrimento de ellas.

No soy quién para aconsejar pero por favor, equilibrio y criterio. Que estamos en crisis.

PD: Hola Margaret

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10 INGOBERNABLES

Con motivo del día Internacional del Orgullo LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales) que se celebra el 28 de junio, hago una recomendación que tenía pendiente hace ya algún tiempo. Se trata de 10 ingobernables de June Fernández, editado por Libros del K.O. e ilustrado por Susana Martín.

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Sinopsis: Con la excusa de contar la vida o la rutina de gente que le ha fascinado, June Fernández habla en este libro de muchas cosas: celebra las diversidades, critica mandatos sociales, estéticos y sexuales, recupera la memoria de quienes no suelen salir en los libros de texto, descubre heroínas que esconde la historiografía machista-leninista, rompe tabúes, reivindica la risa, el cabreo, la excentricidad, la contradicción, el derecho a vivir como nos da la gana, el derecho a complicarse la vida.

¿Ser mujer y no depilarte la barba? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Salir del armario a los 40 años? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Poner tu vida en riesgo por defender los derechos de otras personas? Qué ganas de complicarte la vida. ¿No esconder la pluma ni siquiera delante de las monjas de tu residencia de ancianos? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Empeñarte en mantener vivo un juego tradicional de mujeres que a nadie le importa? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Reconciliarte con tu cuerpo en vez de llevarlo al quirófano para que te lo arreglen? Qué ganas de complicarte la vida.

Este libro recoge diez historias de gente ingobernable, que prefiere complicarse la vida que asfixiarse en el estrecho y absurdo modelo de normalidad.

No es un libro común. Quizás a primera vista parezca que vas a encontrar tópicos, pero nada más lejos de la realidad.

Trata la obesidad, la homosexualidad en el régimen franquista español, el empeño de unas gallegas por conservar un juego tradicional, la transexualidad en países latinoamericanos. Son tantos tipos de represión que es imposible no abrir el abanico de nuestros (a veces) cerrados estereotipos.

Además, (y esto es algo que yo agradezco mucho) ofrece recomendaciones de documentales, entrevistas, música… Es decir, que puedes parar la lectura y alternar el formato para situarte mejor en estas entrañables historias.

Otro atractivo de esta obra es que al ser 10 historias independientes se hace una lectura fácil pudiendo leerlas en un trayecto en transporte público, una tarde en la playa o piscina o simplemente, antes de ir a la cama, concluyendo en poco tiempo lo que acabas de empezar.

¿No es muy apetecible?

 

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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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La sociedad – Virginia Woolf

Cuando leo a Virginia Woolf  me da resaca.

Su personalidad me causa mucha curiosidad. Su elocuencia, su estilo cuidado, su autoexigencia y la dureza que empleaba en sus críticas literarias (que, por descontado, se podía permitir por la perfección de sus textos) son cualidades dignas de admiración.

Por todas estas razones quiero devorar todo lo que escribió, pero no puedo más que leer de vez en cuando y digerir lentamente. Con templanza. Si no lo hago así, me da resaca.

En este asalto estoy con algunos de sus relatos cortos y me ha llamado la atención uno en especial llamado “La sociedad”. Tiene muchos tintes de su famosa obra “Una habitación propia” pero con menos páginas. Diría que es aconsejable para una toma de contacto con Virginia, sin adentrarse en sus novelas o ensayos de lleno. Además hace referencia a la hilarante anécdota del Dreadnought Hoax de la que soy muy fan.

El relato en cuestión comienza así:

Así comenzó todo. Éramos un grupo de seis o siete reunidas después del té. Algunas miraban hacia la sombrerera de enfrente, donde las plumas rojas y las pantuflas doradas seguían iluminadas en la vidriera; otras dejaban pasar el tiempo construyendo pequeñas torres de azúcar en el borde de la bandeja del té. Pasado un momento, según lo recuerdo, nos ubicamos alrededor del fuego y comenzamos, como de costumbre, a elogiar a los hombres. Qué fuertes, qué nobles, qué inteligentes, qué valientes, qué bellos eran; y cómo envidiábamos a aquellas que, por las buenas o por las malas, lograban unirse a uno de por vida. Hasta que Poll, que había permanecido en silencio hasta el momento, rompió a llorar.

Para seguir leyendo os dejo el relato completo en PDF –> La sociedad

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Operemos nuestros sentidos de cataratas

Me ha parecido curioso que Virginia Woolf en “Una habitación propia” describa obras como Emma de Jane Austen, El Rey Lear de Shakespeare o En busca del tiempo perdido de Proust de la siguiente manera:

(…) parece, curiosamente, operar nuestros sentidos de cataratas, después de leerlos vemos con más intensidad; el mundo parece haberse despojado del velo que lo cubría y haber cobrado una vida más intensa (…)

No voy a rebatir todo esto. Lo aplaudo. Es aquí donde reside toda la magia de los libros. Lo que me hace gracia es que sea ella justo en ese ensayo donde lo haya plasmado.

“Una habitación propia” es, en mi opinión, una invitación a la calma, al equilibrio, a reflexionar sobre nuestro concepto de feminismo y , al fin y al cabo, a operar nuestros sentidos de cataratas. Con un paseo, como genial añadido, por  la historia y la literatura va observando la repercusión de obras masculinas y femeninas y el papel de la mujer en la sociedad en  aquellas épocas.

Este ensayo proviene de una serie de charlas que la autora tuvo que dar sobre “La mujer y la novela” en 1928. Podríamos decir que un texto de hace casi 90 años no correspondería a nuestros tiempos viendo como han evolucionado muchos aspectos hasta ahora. A mi parecer este es el gran error, puesto que conocer ciertos matices históricos nos explica muchos todos los comportamientos actuales.

Sin más, os presento mi admiración a este libro mediante los fragmentos que he subrayado:

Para ambos sexos la vida es ardua, difícil, una lucha perpetua. Requiere un coraje y una fuerza de gigante. Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos.

Alabar al propio sexo es siempre sospechoso y a menudo tonto.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

¿Con qué obra habéis visto con más intensidad el mundo?

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