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Distender

Según la RAE: Aflojar, relajar o disminuir la tensión de algo.

Todos necesitamos en lo arduo de la rutina intercalar soplos de frescura. Aunque la rutina no sea tensa (para algunos más que para otros), siempre necesita de variaciones para que justamente no nos parezca eso, rutinaria. Aunque lo sea. 

¿Son estas variaciones distensoras tanto o más importantes que la rutina propiamente dicha? Sí, por supuesto. Como lo son admirar la naturaleza después de un día abrumador de trabajo o sin él, pasar un rato a la mesa con la familia compartiendo comida, vino, anécdotas y chistes o el silencio sin más.

Mi rutina lectora dista mucho de ser pesada. De hecho, es mi vía de escape por excelencia. Pero es curioso que, dentro de esta rutina, me sirva de variaciones, como el teatro y la poesía, para aportar esa frescura que necesito cuando hay libros que, o bien no me han terminado de convencer o justamente lo contrario, me han dejado tan sorprendida que no sepa a qué recurrir que esté a la altura (en este último caso, más que distender, necesito “olvidar” la impresión en un tiempo prudencial).

Y es aquí donde vengo a recomendar una obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero: El genio alegre. Dicha obra se empeña en recalcar lo importante que es para sobrellevar los días una actitud alegre y positiva, donde la risa sea siempre protagonista en lugar de pesadumbres, quejas u orden.

Es cómica sin caer en lo vulgar, arraigada a Andalucía y sus acentos, de carácter costumbrista sin entrar demasiado en crítica ni símbolismos, con pocos pero simpáticos personajes. Una obra para, al fin y al cabo, distender.

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Curiosidad: El compositor italiano Franco Vittadini le puso música convirtiéndola en la ópera Anima allegra.

P.D: El apunte inferior referente a los acentos en el reparto de los personajes muestra el hincapié que hacen los autores en su representación o lectura. ❤

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Les he puesto un piso a mis libros

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Desde hace unos pocos años les he puesto un piso a mis libros. Así de crudo.

Las personas que vienen de visita a este piso cubierto todo  él de estanterías donde yo mismo, naturalmente, cohabito con mi gato y con ellos, se quedan al principio un poco perplejas. Incluso las que se dedican profesionalmente a escribir.

La pregunta más corriente es: “¿Te los has leído todos?”. ¡Qué impertinencia! ¿Les pregunto yo a mis amigos si se han sentado en todas las sillas y sofás y taburetes y tumbonas de sus casas de la ciudad y de la sierra?

El biblioerotismo, como todo amor de verdad, es una apuesta de futuro. Y yo, un vicioso prudente, he almacenado esta amplia galería de objetos amados pensando en la vejez. O en las vacas flacas.

Esas criaturas mudas pero en absoluto silenciosas que me acompañan día y noche son un cielo. Las tengo muy bien instaladas pese algún aprieto. Las limpio yo mismo, siempre que encuentro el tiempo, con un plumero específico. Las saco a respirar de su balda de vez en cuando, no todas las veces pasando cada una de sus páginas.

A la cama me llevo cada noche dos o tres ejemplares, aunque uno es siempre el favorito de la mesilla. Me duermo plácidamente arrullado por sus palabras. Y a la mañana siguiente me despierto, y allí siguen como una roca. No hay que prepararles el desayuno ni llevarlos al colegio.

Según a como está el metro cuadrado en mi zona, pagarle un piso al libro es un lujo. Un lujo prohibitivo que aún me permito en la vida.

Artículo de Molina Foix en el Suplemento Inmobilario de EL PAIS. (2008)

 

 

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La Hojarasca

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La Hojarasca es la primera novela de Gabriel García Márquez (1955) conocida por mostrar por primera vez Macondo, el pueblo ficticio hecho famoso en Cien años de soledad (1967).

Es y será, espero que por mucho tiempo, un rincón donde encontrar productos de mi tierra: la sierra de Cádiz y, como no, libros nuevos y usados. Se trata de un lugar pequeño, construido a contrareloj con mucho amor con la ayuda de personas incansables a las que agradezco enormemente su saber hacer y su disposición.

¿Nos tomamos un vino?

 

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Día de la biblioteca

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Cada 24 de octubre se conmemora el Día de la Biblioteca en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, incendiada el 1992 durante el conflicto balcánico.

La iniciativa nació para hacer visible la importancia de la biblioteca como lugar de encuentro con la cultura, y como un instrumento de mejora de la formación y la convivencia humana.

El dato escalofriante es que, el hombre que ordenó disparar los proyectiles incendiarios, había sido un usuario habitual de la biblioteca. Un profesor universitario especializado en la obra de Shakespeare que, para más inri, en su actividad docente, era un total apasionado de las letras y, encima, creaba en sus alumnos curiosidad y amor por la literatura.

Al producirse la implosión de Yugoslavia, el profesor Koljevic, se convirtió en el número dos de la formación ultranacionalista serbia que dirigía Radovan Karadzic, un psiquiatra de Sarajevo (nacido en Montenegro) que también amaba los versos y acabó ordenando masacres. En 1992, Koljevic se convirtió en el intelectual de la fracción serbia que alentaba el cerco militar de la ciudad para forzar su rendición. Amaba la literatura, pero amaba aún más la idealización de la Gran Serbia.

Una vez más, me dan miedo los seres humanos.

¡Feliz día de la biblioteca lectores!

 

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Cinco caligramas para amar la poesía

La palabra caligrama procede del francés calligramme, y ésta, a su vez, del griego kállos (belleza) y grammé (trazo, contorno) = figura bella. 

Un caligrama o poema visual es un texto en el que las palabras se usan como si fueran el trazo de un dibujo.

Comparto algunos que me han parecido preciosos y no descarto aventurarme a intentar hacer alguno por mi misma. 

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Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), Miguel Hernández

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El ojo que ves no es  ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve. Antonio Machado.

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Camino de sol · por las rutas amigas · unas hormigas. Joan Salvat-Papasseït.

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Poesía de Federico García Lorca.

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Oda a la tristeza. Pablo Neruda.

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La revolución de los libros en Sevilla

En la capital hispalense ha surgido un movimiento que está teniendo un éxito abrumador. Se trata del grupo de Facebook “Cazadores de Libros Sevilla”. La dinámica consiste en liberar un libro por la ciudad haciéndolo público en dicho grupo mediante una fotografía. De esta forma los “cazadores” que se encuentren cerca podrán hacerse con él, leerlo y volver a liberarlo. Una idea sencilla cuyo impulsor, Álvaro Martel, no esperaba tan cálida acogida. Lo cierto es que la ha tenido ¡y de qué manera! Cuenta con casi 18,500 seguidores sin haber cumplido aún un mes de vida.

Cuando he sabido de este movimiento no he podido frenar mis ganas de felicitar a las personas que lo desarrollan y, además, hacerle algunas preguntas sobre sus impresiones y expectativas a su precursor, Álvaro. Un administrativo en el Servicio Andaluz de Salud amante del deporte al aire libre, la lectura y enamorado de su tierra, Sevilla.

¿Cómo surge este proyecto Álvaro?

Surge casi de casualidad. Un jueves, después de cenar estuve echando un vistazo a mi perfil de Facebook, y en el muro de una amiga, vi un vídeo sobre esta iniciativa en Bruselas. Me pareció una idea bastante atractiva y creé el grupo. En principio nació como un juego entre mis contactos para nuestro tiempo libre, unos 300 aproximadamente. Jamás pensé que tuviera tal repercusión. Me pareció una muy buena opción para conocer Sevilla de otra manera y haciendo algo de ejercicio. Pensé que como mucho podría perder dos o tres libros… Y nos está dando muchas satisfacciones ¡aparte de mucho trabajo!

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¿Cuántas personas están involucradas en este movimiento?

En un principio lo gestionaba sólo yo. Pero ahora tengo a una amiga Vicky Bascarán como administradora del grupo junto a mi hermano Javi Martel, que estaba de baja y tenía bastante tiempo para dedicarle,  y mi cuñado Fernando Brazo como moderador. Además ha colaborado Pedro Castro en el diseño del logo. 

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Aparte de esta comunidad he abierto el mismo grupo en Las Palmas de Gran Canaria, Barcelona, Bilbao, Valencia, Córdoba y Madrid. Hace dos días me pidieron que abriera un grupo en Cuenca y otro en A Coruña. Hay un chico, Vicente Moros, que creó el grupo en Málaga y otro chico que lo ha creado en Huelva. La gente se implica bastante en este proyecto.

¿Cómo os sentís ante la acogida de la idea?

Aparte de desbordados, ¡encantados! Me parece que la “loca” idea de convertir Sevilla en la biblioteca pública al aire libre más grande del mundo, es posible. La apuesta por los libros, desafortunadamente, es arriesgada. Sin embargo, el público más complicado para los libros, son los niños, y están encantados también. Y los papis más aún si cabe.

Despertar en los más peques, el amor por la lectura me parece lo más importante. Verlos disfrutar, es lo mejor. Para ellos, esto es como encontrar un tesoro. Y encima, no sólo salen a buscarlos. ¡Los leen!.

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Creo que al final, necesitamos esto, algo tan simple como intercambiar un libro para salir de casa, desconectar de pantallas de móviles y ordenadores, conocer la ciudad y hacer algo de deporte.

Pero hay algo que me enorgullece mucho y es pensar que en Sevilla somos un importante referente cultural.

¿Pensáis seguir trabajando a raíz de esta acogida para mantener vivo el entusiasmo de los lectores? ¿Cómo?

Si, de hecho, si todo sale bien, en breve lanzaremos una App y una web en la que está trabajando Marcos Herrera Carvajal. Gestionar esto desde Facebook, nos resulta complicado. Vivimos últimamente pegados a una pantalla de móvil y a un ordenador.

Mantener vivo el entusiasmo de los lectores es uno de nuestros objetivos principales ¿Cómo? Organizando quedadas para liberar libros, vinculándonos con causas solidarias, como ayer, que liberamos muchos libros infantiles cerca de dónde se celebraba la 4ª Carrera Contra el Cáncer Infantil.

Todo puede parecer muy utópico o ideas de un loco, pero sí, reconozco que un poco loco estoy.

¿Eres consciente de que para los amantes de la lectura esto también es una inyección de esperanza?

Creo que no soy realmente consciente de la revolución que estamos creando. Tengo ganas de verlo con cierta perspectiva.

Desde aquí quiero darle las gracias a Álvaro por su predisposición, su tiempo y su simpatía. Y también por algo muy especial y es hacerme creer que sí es posible. Muchas veces comparto en el blog publicaciones sobre proyectos preciosos que luego, cuando los imagino en mi país no le doy viabilidad. GRACIAS y muchísima suerte con lo que esté por venir.

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Mujeres de negro – Josefina R. Aldecoa

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Sinopsis: Gabriela y Juana, madre e hija, viven los años de la guerra civil en una ciudad castellana cuyo ambiente les resulta incómodo y asfixiante. Gabriela se ha quedado viuda, su marido ha sido fusilado por sus ideas republicanas y subsiste dando clases en la escuela privada, ya que no tiene acceso a la pública debido a sus ideas políticas, hasta que decide aceptar la proposición de matrimonio que le hace Octavio, un misterioso millonario mexicano que se llevará a madre e hija a su hacienda de Puebla. Allí, lejos del núcleo de exiliados españoles, va transcurriendo la vida de ambas mujeres. Sobre un fondo de sucesos históricos, evocados a la luz nostálgica de la memoria y del desgarro del exilio, asistimos a la intensa relación de Gabriela y Juana, al amor de la hija por su madre, oscilante entre la dependencia y la rebeldía. Juana evoluciona hacia un mundo de deseos y proyectos que choca con la hermética personalidad de la madre, austera y enlutada, marcada por la mística del deber y un puritanismo laico de raíces castellanas. Juana, que rechaza por instinto el pesimismo vital de las mujeres de negro que han habitado su vida, después de varios años de exilio decide regresar al Madrid de la posguerra y se integra a una universidad que ensaya sus primeros conatos de rebeldía.

Encontré este libro por casualidad. Estaba entre los pocos títulos en español que hay en la biblioteca de donde vivo en Reino Unido y la autora me sonaba vagamente. Vaya sorpresas se lleva una a veces.

La historia es contada en primera persona por Juana, una niña que va creciendo y evolucionando durante todo el libro. Desde la visión de Juana conocemos a Gabriela, su madre, una mujer fiel a sus ideas y que cree firmemente en la educación. 

Desde la sencillez y la cotidianidad te vas metiendo en los pensamientos de Juana, su vida familiar, amistades, sentimientos, anhelos e inquietudes.

Me aventuraría a comparar el estilo de Josefina R. Aldecoa con el de Carmen Laforet salvando la diferencia de que la temática de Carmen en Nada es mucho más existencialista y no relata la época como lo hace Josefina.

Si buscáis en la lectura giros inesperados o una trama enrevesada, NO os aconsejaría este libro. Cuenta situaciones cotidianas intercalando pasajes históricos desde los ojos de una niña en primer lugar, luego de una adolescente y finalmente de una mujer. A mí, personalmente, si la historia está bien contada no me importa que no haya un gran entramado. Me gustó bastante y por eso lo comparto.

Después de terminar la novela e indagando un poco sobre la autora me he dado cuenta que Mujeres de Negro es la segunda parte de una trilogía (¡bravo Laura!). La primera parte se llama Historia de una maestra y es relatada por Gabriela, la madre de Juana que, para mi gusto, es un personaje muy potente. Si alguien ya ha leído esta primera parte me encantaría conocer su opinión. Por lo pronto ya está en mi lista de próximas lecturas aunque me haya saltado a la torera el orden.  

 

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Un mundo feliz de Aldous Huxley

Es un hecho que “Un mundo feliz” de Aldous Huxley estimula el pensamiento crítico, la curiosidad y el análisis. Por ello comparto aquí algunos datos, a mi parecer, interesantes, para que los que tengan este título en lecturas pendientes se lancen a él. (Quién quede ileso que no me lo cuente, por favor)

1. El comienzo de la sociedad descrita en Un mundo feliz se inicia en 1908, al ser el año en que se fabricó el primer Ford modelo “T”. Fue aquí donde Henry Ford instauró el concepto de fabricación en serie a la industria y de ahí la similitud con la creación de seres en masa por incubación del que se sirve Huxley en la novela.

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Ford es una especie de dios, ejemplo de ello es que  las fechas se denominan como a.F y d.F (antes de Ford y después de Ford) o que expresiones cotidianas como “¡Dios mío!” se reemplazan por “¡Ford mío!”

La T es el símbolo por excelencia de esta “religión” que ha reciclado los crucifijos del cristianismo y le han omitido la parte superior.

2. La sociedad está dividida en diferentes estratos, siendo Alfa la élite superior con mejores atributos intelectuales y físicos y Épsilon todo lo contrario.

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Cada uno de ellos está perfectamente conforme en su condición sin aspirar a otra casta distinta a la suya, consecuencia de su adoctrinamiento por el método de la hipnopedia o aprendizaje a través del sueño. Esta conciencia de clase junto con primar la sociedad al individuo son las bases de su civilización.

 

3. El soma es la droga que se consume y  con la que logran tranquilizarse, olvidar los problemas y evadirse de la realidad cuando lo necesitan, sin ningún tipo de efecto secundario.

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“Y si alguna vez, por algún desafortunado azar, ocurriera algo desagradable, bueno, siempre hay el soma, que puede ofrecernos unas vacaciones de la realidad. Y siempre hay soma para calmar nuestra ira, para reconciliarnos con nuestros enemigos, para hacernos pacientes y sufridos”

 

4. Hay muchísimas referencias a figuras históricas en esta obra. Entre ellas, personajes como Bernard Marx o Lenina, claros guiños a Carl Marx y Lenin o una niña llamada Polly Trotsky referencia también al pensador, escritor y filósofo Trostky. Podría extenderme infinitamente en este punto pero mejor dejo un enlace muy completo que encontré aquí

5. Por último citar otra obra de Aldous Huxley llamada “Nueva visita a un mundo feliz”. Se trata de una recopilación de ensayos donde el mismo autor analiza veintiséis años después (1958) los contenidos tratados en su novela, verificando así sus aciertos y equívocos a la hora de contemplar la evolución de la civilización occidental durante este periodo. En dicha obra, hace muchas referencias a otra distopía, la novela 1984, de George Orwell.

Estoy ansiosa por leer esta “segunda parte”. ¿La habéis leído vosotros? 

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Un mundo feliz y los perros de Pavlov

Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932) describe una sociedad desenfadada, saludable, avanzada tecnológicamente y permanentemente feliz. Todo ello alcanzado después de abolir la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

Me ha parecido interesante resaltar un fragmento sobre el condicionamiento Neo-Pavloviano en el que se basa el capítulo II. Cómo decía José Luis Sampedro cuando hablaba de liberalismo, cuando a una palabra hay que añadirle “neo” es porque es viejo. Prueba de ello es que Huxley usó el condicionamiento clásico de Pavlov y su famoso experimento con perros para describir muy irónicamente el condicionamiento de bebés en contra de los libros y la naturaleza.

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Mr. Foster se quedó en la Sala de Decantación. El D.I.C. y sus alumnos entraron en el ascensor más próximo, que los condujo a la quinta planta. Guardería infantil. Sala de Condicionamiento Neo-Pavloviano, anunciaba el rótulo de la entrada.

El director abrió una puerta. Entraron en una vasta estancia vacía, muy brillante y soleada, porque toda la pared orientada hacia el Sur era un cristal de parte a parte. Media docena de enfermeras, con pantalones y chaqueta de uniforme, de viscosilla blanca, los cabellos asépticamente ocultos bajo cofias blancas, se hallaban atareadas disponiendo jarrones con rosas en una larga hilera, en el suelo. Grandes jarrones llenos de flores. Millares de pétalos, suaves y sedosos como las mejillas de innumerables querubes, pero de querubes, bajo aquella luz brillante, no exclusivamente rosados y arios, sino también luminosamente chinos y también mejicanos y hasta apopléticos a fuerza de soplar en celestiales trompetas, o pálidos como la muerte, pálidos con la blancura póstuma del mármol.

Cuando el D.I.C. entró, las enfermeras se cuadraron rígidamente.

-Coloquen los libros -ordenó el director.

En silencio, las enfermeras obedecieron la orden. Entre los jarrones de rosas, los libros fueron debidamente dispuestos: una hilera de libros infantiles se abrieron invitadoramente mostrando alguna imagen alegremente coloreada de animales, peces o pájaros.

-Y ahora traigan a los niños.

Las enfermeras se apresuraron a salir de la sala y volvieron al cabo de uno o dos minutos; cada una de ellas empujaba una especie de carrito de té muy alto, con cuatro estantes de tela metálica, en cada uno de los cuales había un crío de ocho meses. Todos eran exactamente iguales (un grupo Bokanovsky, evidentemente) y todos vestían de color caqui, porque pertenecían a la casta Delta.

-Pónganlos en el suelo.

Los carritos fueron descargados.

-Y ahora sitúenlos de modo que puedan ver las flores v los libros.

Los chiquillos inmediatamente guardaron silencio, y empezaron a arrastrarse hacia aquellas masas de colores vivos, aquellas formas alegres y brillantes que aparecían en las páginas blancas. Cuando ya se acercaban, el sol palideció un momento, eclipsándose tras una nube. Las rosas llamearon, como a impulsos de una pasión interior; un nuevo y profundo significado pareció brotar de las brillantes páginas de los libros. De las filas de críos que gateaban llegaron pequeños chillidos de excitación, gorjeos y ronroneos de placer.

El director se frotó las manos.

-¡Estupendo! -exclamó-. Ni hecho a propósito.

Los más rápidos ya habían alcanzado su meta. Sus manecitas se tendían, inseguras, palpaban, agarraban, deshojaban las rosas transfiguradas, arrugaban las páginas iluminadas de los libros. El director esperó verles a todos alegremente atareados. Entonces dijo:

-Fíjense bien.

La enfermera jefe, que estaba de pie junto a un cuadro de mandos, al otro extremo de la sala, bajó una pequeña palanca. Se produjo una violenta explosión. Cada vez más aguda, empezó a sonar una sirena. Timbres de alarma se dispararon, locamente.

Los chiquillos se sobresaltaron y rompieron en chillidos; sus rostros aparecían convulsos de terror.

-Y ahora -gritó el director (porque el estruendo era ensordecedor)-, ahora pasaremos a reforzar la lección con un pequeño shock eléctrico.

Volvió a hacer una señal con la mano, y la enfermera jefe pulsó otra palanca. Los chillidos de los pequeños cambiaron súbitamente de tono. Había algo desesperado, algo casi demencial, en los gritos agudos, espasmódicos, que brotaban de sus labios. Sus cuerpecitos se retorcían y cobraban rigidez; sus miembros se agitaban bruscamente, como obedeciendo a los tirones de alambres invisibles.

-Podemos electrificar toda esta zona del suelo -gritó el director, como explicación-. Pero ya basta.

E hizo otra señal a la enfermera.

Las explosiones cesaron, los timbres enmudecieron, y el chillido de la sirena fue bajando de tono hasta reducirse al silencio. Los cuerpecillos rígidos y retorcidos se relajaron, y lo que había sido el sollozo y el aullido de unos niños desatinados volvió a convertirse en el llanto normal del terror ordinario.

-Vuelvan a ofrecerles las flores y los libros.

Las enfermeras obedecieron; pero ante la proximidad de las rosas, a la sola vista de las alegres y coloreadas imágenes de los gatitos, los gallos y las ovejas, los nifios se apartaron con horror, y el volumen de su llanto aumentó súbitamente.

-Observen -dijo el director, en tono triunfal-. Observen.

Los libros y ruidos fuertes, flores y descargas eléctricas; en la mente de aquellos niños ambas cosas se hallaban ya fuertemente relacionadas entre sí; y al cabo de doscientas repeticiones de la misma o parecida lección formarían ya una unión indisoluble. Lo que el hombre ha unido, la Naturaleza no puede separarlo.

-Crecerán con lo que los psicólogos solían llamar un odio instintivo hacia los libros y las flores. Reflejos condicionados definitivamente. Estarán a salvo de los libros y de la botánica para toda su vida. -El director se volvió hacia las enfermeras-. Llévenselos.

Llorando todavía, los niños vestidos de caqui fueron cargados de nuevo en los carritos y retirados de la sala, dejando tras de sí un olor a leche agria y un agradable silencio.

Uno de los estudiantes levantó la mano; aunque comprendía perfectamente que no podía permitirse que los miembros de una casta baja perdieran el tiempo de la comunidad en libros, y que siempre existía el riesgo de que leyeran algo que pudiera, por desdicha, destruir uno de sus reflejos condicionados, sin embargo…. bueno, no podía comprender lo de las flores. ¿Por qué tomarse la molestia de hacer psicológicamente imposible para los Deltas el amor a las flores?

Pacientemente, el D.I.C. se explicó. Si se inducía a los niños a chillar a la vista de una rosa, ello obedecía a una alta política económica. No mucho tiempo atrás (aproximadamente un siglo), los Gammas, los Deltas y hasta los Epsilones habían sido condicionados de modo que les gustaran las flores; las flores en particular, y la naturaleza salvaje en general. El propósito, entonces, estribaba en inducirles a salir al campo en toda oportunidad, con el fin de que consumieran transporte.

-¿Y no consumían transporte? -preguntó el estudiante.

-Mucho -contestó el D.I.C-. Pero sólo transporte.

Las prímulas y los paisajes, explicó, tienen un grave defecto: son gratuitos. El amor a la Naturaleza no da quehacer a las fábricas. Se decidió abolir el amor a la Naturaleza, al menos entre las castas más bajas; abolir el amor a la Naturaleza, pero no la tendencia a consumir transporte. Porque, desde luego, era esencial, que siguieran deseando ir al campo, aunque lo odiaran. El problema residía en hallar una razón económica más poderosa para consumir transporte que la mera afición a las prímulas y los paisajes. Y lo encontraron.

-Condicionamos a las masas de modo que odien el campo -concluyó el director-. Pero simultáneamente las condicionamos para que adoren los deportes campestres. Al mismo tiempo, velamos para que todos los deportes al aire libre entrañen el uso de aparatos complicados. Así, además de transporte, consumen artículos manufacturados. De ahí estas descargas eléctricas.

-Comprendo -dijo el estudiante.

Y presa de admiración, guardó silencio.

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Mujeres condenadas

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Como bestias inmóviles tumbadas en la arena,
Vuelven sus ojos hacia el oceánico horizonte,
Y sus pies que se buscan y sus manos unidas,
Tienen dulces caídas y temblores amargos.

Las unas, corazones que aman las confidencias,
En el fondo del bosque donde el arroyo canta,
Deletrean el amor de su pubertad tímida,
Y marcan en el tronco a los árboles tiernos;

Las otras, como hermanas, andan graves y lentas,
A través de las peñas llenas de apariciones,
Donde San Antonio vio surgir como la lava
Aquellas tentaciones con los senos desnudos;

Y las hay, que a la luz de líquidas resinas,
En el hueco ya mudo de los antros paganos,
Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre.
¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!

Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,
Que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,
Mezclan en las sombrías y solitarias noches,
La espuma del placer con el llanto del suplicio.

Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
De toda realidad desdeñosos espíritus,
Ansiosas de infinito, devotas, vampiresas,
Ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.

Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno,
¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,
Por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas de amor que vuestro pecho encierra.

Femmes damnées, Charles Baudelaire (1821-1867)

Les Fleurs du mal

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