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Cuando Matilda descubrió los libros

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Así que la joven mente de Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.

Matilda, Roal Dahl 1988

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La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

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“¡Qué título tan potente el de este libro!” – Pensé la primera vez que oí hablar de él. Busqué un poco de información. Sinopsis:

Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

No me convenció. Me sonaba a Love actually. No me interesaba.

Vuelve a aparecer su título. Vuelvo a buscar la sinopsis y alguna opinión (tengo poca memoria). Nada, cuando recordé la comedia romántica lo descarté de nuevo.

Empiezo a leer comentarios de gente enamorada de su lectura. No me atrae a pesar de las buenas reseñas, incluso he llegado a leer que es un libro que cambia la vida.

Cabe mencionar que el título seguía y sigue impactándome, independientemente de mi opinión ahora. Así que la curiosidad mató al gato y me lo zampé.

Encontré en él muchos temas aparte de celos, sexo, infidelidad, amor, etc.  Es por ello que pienso que la sinopsis no refleja la esencia de la obra. En ella no se cuenta que se hablará también de movimientos políticos, religión, respeto a los animales, o la subjetividad entre otras cosas. Hay alguna reflexión destacable, como por ejemplo la del vértigo:

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

No ha cambiado mi vida (hay libros que la cambian, pero este no es uno de ellos). Aún no se realmente qué me ha causado La insoportable levedad del ser aparte de un conflicto entre mis expectativas y la realidad. Mentiría si dijera que no me enganchó al principio pero se fue desinflando poco a poco ya que, a medida que avanzaba, me parecía filosofía barata. Yo nunca catalogaría esta obra como filosófica, como está catalogada (como si fuese yo alguien para catalogar).

En mi opinión ni la sinopsis hace honor al libro, ni el libro hace honor al título.

Ahora bien, al César lo que es del César. En la sexta parte llamada La Gran Marcha me pareció salir de la novela y meterme en una distopía que refleja los comportamientos humanos ante una situación extrema. Ese fragmento sí que me gustó bastante y, como veis, no tiene nada que ver con la presentación que se da del libro.

¿Qué os ha parecido a los que lo habéis leído?

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10 Motivos para leer clásicos

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Repasando mi lista interminable de libros por leer para afrontar el Reto literario 2016 corroboré algo que ya sabía y que dije en la pequeña descripción sobre mí que hay en este blog: tengo predilección por los clásicos, entendiendo éstos como “libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos” (Definición extraída de ¿Porqué leer a los clásicos? De Italo Calvino).

Seguramente haya definiciones que ayuden mejor a decidir si un título puede considerarse o no como clásico pero para mí es suficiente con esta. Riqueza para quien lo leyó, quien lo lee y quien se dispone a hacerlo. Gracias Calvino.

¿Mis motivos? Llevo tiempo madurándolos. Más que nada porque normalmente hay que justificarse si te decantas por libros no contemporáneos ante la avalancha de publicaciones y autopublicaciones con su correspondiente campaña de marketing. No se trata de desprestigiar a autores nóveles ni obras recientes. Yo misma intercalo lecturas contemporáneas porque son mucho más ágiles y frescas y en determinadas ocasiones también apetece. Pero en cuestión de preferencias y gustos, os presento mis motivos para amar los clásicos:

1. Resonancia interna

Aquí voy a apoyarme en Stephen King y su descripción de lector ideal:

“Mi máxima meta es la resonancia, algo que perdure un poco en la mente (y el corazón) del lector después de haber cerrado el libro y haberlo colocado en la estantería”.

Esta agitación ocurre con pocos títulos y no todos los clásicos lo consiguen pero, en mi caso, siempre ha coincidido que cuando he experimentado dicho fenómeno ha sido con uno de ellos.

2. Resonancia externa

Los clásicos siempre generan un “después” y eso significa: tesis, estudios, críticas…  A fin de cuenta planteamientos abiertos que dejan ver cómo ha “resonado” en los demás.

3. Resonancia artística

Ejercen un papel importantísimo en la inspiración de otros autores. Y aquí ya podemos salirnos del ámbito literario y saltar al arte, la música o el cine, por ejemplo.

4. Resonancia interna segunda parte

La relectura es una consecuencia de los tres primeros motivos citados arriba. Me ocurre que, si releo algún clásico que ya ha causado una primera resonancia por unos motivos concretos, descubro una segunda resonancia por otros motivos diferentes. Y podría ser un bucle hasta exprimir del todo una obra.

5. Guía para empatizar con nuestra historia

No tiene necesariamente que ser una novela histórica para recrearnos un periodo determinado. Mediante los diálogos, la descripción de costumbres, los clichés de la época, las referencias, etc. podemos empatizar con nuestros antepasados. Entender el porqué se actuaba de una forma y no de otra. Ser más flexibles o inflexibles con nuestros principios.

6. Temas atemporales

Si sabemos extrapolar la esencia de cualquier título clásico a nuestros días nos daremos cuenta que los temas son actuales: injusticia, desamor, reflexión existencial, miedos, celos, mentiras, luchas,  perdón… infinitas materias que no son (ni serán) caducas.

7. Expresión

Puede que a partir de aquí los motivos sean más subjetivos que los anteriores. Me suele gustar mucho más el estilo utilizado en obras “antiguas” que en las modernas. Me parece que antes se las tenían que ingeniar muy bien para decir lo que querían decir y por ello aplaudo el esfuerzo y la elegancia con la que se abordan temas que hoy no nos costaría, ni por asomo, el mismo esfuerzo exponer. No obstante reconozco que es mucho más pesado de leer, pero compensa.

8. Expectativas

Cuestiones inherentes a la lectura son las expectativas. Se suele acoger un libro con prejuicios (tristemente). En mi caso, siempre acojo un clásico con mayor expectativa que una lectura contemporánea. Esto tiene dos consecuencias: la primera, que si el clásico no termina de encajarme el chasco es mayor y la segunda, que si la lectura contemporánea termina enganchándome y “resonándome” la sorpresa es tremenda.

9. Supervivencia

El motivo principal de que mis expectativas sean mayores en cuanto a los clásicos es que haya sobrevivido a varias generaciones. Cuando se lanza una obra hoy en día existe una campaña publicitaria más o menos abrumadora dependiendo de la editorial, el autor, etc. Esto desemboca en la desconfianza y, por tanto, cuando veo que una obra ha pasado distintas generaciones sin perder su prestigio me cuesta menos lanzarme a ella. Por algo será ¿no?

10. Amplio catálogo donde escoger

Una de las ventajas de leer clásicos es que a la hora de adquirirlos se presenta una gran variedad donde elegir: ediciones ilustradas, con análisis e interpretaciones previas, distintos traductores, contexto social, diferentes portadas… Hay ediciones que son una delicia ya sea por la estética o por el contenido.

Creo que no me dejo nada en el tintero, pero seguramente sí. Me encantaría saber vuestros motivos para leer clásicos o para no leerlos.

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Cita a ciegas con un libro

¿Qué te parecería escoger un libro sin poder juzgarlo por su título o portada?

Es cierto que, a veces, precipitados, nos dejamos llevar por la estética de una obra o por un  título atractivo. Otras muchas, en la biblioteca o librería, vamos directos a las novedades o títulos con ya cierto reconocimiento o prestigio dejando olvidadas verdaderas joyas.

El proyecto que hoy os presento es, básicamente, un ejercicio imaginativo donde se escoge por intuición un libro sirviéndonos de una pequeña descripción escrita en el papel que lo envuelve y de sus dimensiones palpables.

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Esta genial idea está inspirada en una biblioteca pública de California dónde, cansados de que hubiese libros con cierta calidad literaria que no se prestaban, decidieron presentarlos de esta forma y ¡tuvieron que reponer la estantería en pocos días! Tuvo tal éxito que pronto se extendió por el resto de Estados Unidos, Europa y Australia.

Hoy en día no sólo se puede ver en bibliotecas sino que también se presenta en librerías con alguna promoción especial y la verdad es que llama mucho la atención. 

¿Habéis visto libros esperando pretendiente en algún sitio? ¿Os aventuraríais a escoger un libro de esta forma? Como siempre digo, si no os gusta, no hay que acabar siempre lo que uno lee. ¡Pero que por probar no quede!

 

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Nada

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Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. 

Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. 

Una tremenda congoja fue para mí lo único real en aquellos momentos. Empezó a tambalearme el mundo detrás de una bonita niebla gris que el sol irisaba a segundos.

Mi cara sedienta recogía con placer aquel llanto. Mis dedos lo secaban con rabia. Estuve mucho rato llorando, allí, en la intimidad que me proporcionaba la indiferencia de la calle, y así me pareció que lentamente mi alma quedaba lavada.

Nada, Carmen Laforet

Este pequeño fragmento que comparto creo que recoge, entre todos los fragmentos que he subrayado en este libro, la esencia de Nada y de su protagonista, Andrea. Esa sensación ahogada de una joven a la que se le rompen todas las esperanzas de libertad que anhelaba al cambiar de ciudad cuando llega a casa de sus raros parientes.

Su estilo elegante y puramente contemplativo te va atrapando de una forma sencilla sin abandonar la riqueza en expresiones y vocabulario. 

Me aventuro muy poco a recomendar libros ya que los clásicos normalmente no suelen motivar de la forma que lo hacen las obras contemporáneas. Soy consciente de ello y como  considero la lectura algo subjetivo y personal, me suelo abstener. Pues bien, Nada es de esos libros que sí recomendaría por calidad literaria y por extensión.

Me encantaría saber, si lo habéis leído, qué opinión os merece.

Por último, os recomiendo un documental sobre la vida de Carmen Laforet, donde se habla mucho de esta aplaudida obra (que escribió con sólo 23 años) y fue galardonada con el Premio Nadal en 1945. 

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Se abre el telón…

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Tengo un ángel en mi vida que me ha contado que por las circunstancias y el ritmo de la suya prefiere leer teatro. Le parece más accesible para una lectura rápida y dinámica.

Y es que es cierto que no todos los libros nos sirven en todas las épocas de nuestra vida y es eso lo que nos puede determinar al final cuánto nos gusta éste.

Me picó el gusanillo y, de forma que una de mis lecturas pendientes era La Zapatera Prodigiosa de Lorca, me adentré en ello.

Reconozco que no tocaba el teatro desde el instituto pero ha sido un buen reencuentro. De esos que te dejan con buen sabor de boca al final.

Se trata del género dramático “Farsa” cuya estructura y trama están basadas en situaciones y personajes extravagantes, aunque por lo general manteniendo una cuota de credibilidad.

Muy lejanamente de lo grotesco, en opuesta perspectiva, la farsa puede llegar a extremos impensables de sutileza y en tal sentido es considerada como un reto muy difícil para los escritores de teatro.

Mi mayor sorpresa han sido las puestas en escenas antes de los actos. Qué genialidad. Y, para muestra, un botón:

“La zapatera friega con gran ardor vasos y copas que va colocando en el mostrador. Aparece en la puerta el Mozo de la Faja y el Sombrero plano del primer acto. Está triste. Lleva los brazos caídos y mira de manera tierna a la Zapatera. Al actor que exagere lo más mínimo en este tipo, debe el Director de escena darle un bastonazo en la cabeza. Nadie debe exagerar. La farsa exige siempre naturalidad.

El Autor ya se ha encargado de dibujar el tipo y el sastre de vestirlo. Sencillez. El Mozo se detiene en la puerta. Don Mirlo y el otro Mozo vuelven la cabeza y lo miran. Ésta es casi una escena de cine. Las miradas y expresión del conjunto dan su expresión. La Zapatera deja de fregar y mira al Mozo fijamente. Silencio.”

¿Qué obras de teatro me recomendáis? ¡Tengo ganas de más!

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