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El libro es…

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Ilustración: Marco Palena

Tabla para el náufrago, escudo para el bueno y horca para el ruin, paraguas para el sol y la lluvia, capote de torero, ladrillo que hace paredes que hace casas que hace ciudades que hace mundos.

El libro es jardín que se puede llevar en el bolsillo, nave espacial que viaja en la mochila, arma para enfrentar las mejores batallas y afrentar a los peores enemigos, semilla de libertad, pañuelo para las lágrimas.

El libro es cama mullida y cama de clavos, el libro te obliga a pensar, a sonreír, a llorar, a enojarte ante lo injusto y aplaudir la venganza de los justos.

El libro es comida, techo, asiento, ropa que me arropa, boca que besa mi boca.

Lugar que contiene el universo.

Persona Normal, Benito Taibo

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Distender

Según la RAE: Aflojar, relajar o disminuir la tensión de algo.

Todos necesitamos en lo arduo de la rutina intercalar soplos de frescura. Aunque la rutina no sea tensa (para algunos más que para otros), siempre necesita de variaciones para que justamente no nos parezca eso, rutinaria. Aunque lo sea. 

¿Son estas variaciones distensoras tanto o más importantes que la rutina propiamente dicha? Sí, por supuesto. Como lo son admirar la naturaleza después de un día abrumador de trabajo o sin él, pasar un rato a la mesa con la familia compartiendo comida, vino, anécdotas y chistes o el silencio sin más.

Mi rutina lectora dista mucho de ser pesada. De hecho, es mi vía de escape por excelencia. Pero es curioso que, dentro de esta rutina, me sirva de variaciones, como el teatro y la poesía, para aportar esa frescura que necesito cuando hay libros que, o bien no me han terminado de convencer o justamente lo contrario, me han dejado tan sorprendida que no sepa a qué recurrir que esté a la altura (en este último caso, más que distender, necesito “olvidar” la impresión en un tiempo prudencial).

Y es aquí donde vengo a recomendar una obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero: El genio alegre. Dicha obra se empeña en recalcar lo importante que es para sobrellevar los días una actitud alegre y positiva, donde la risa sea siempre protagonista en lugar de pesadumbres, quejas u orden.

Es cómica sin caer en lo vulgar, arraigada a Andalucía y sus acentos, de carácter costumbrista sin entrar demasiado en crítica ni símbolismos, con pocos pero simpáticos personajes. Una obra para, al fin y al cabo, distender.

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Curiosidad: El compositor italiano Franco Vittadini le puso música convirtiéndola en la ópera Anima allegra.

P.D: El apunte inferior referente a los acentos en el reparto de los personajes muestra el hincapié que hacen los autores en su representación o lectura. ❤

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Les he puesto un piso a mis libros

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Desde hace unos pocos años les he puesto un piso a mis libros. Así de crudo.

Las personas que vienen de visita a este piso cubierto todo  él de estanterías donde yo mismo, naturalmente, cohabito con mi gato y con ellos, se quedan al principio un poco perplejas. Incluso las que se dedican profesionalmente a escribir.

La pregunta más corriente es: “¿Te los has leído todos?”. ¡Qué impertinencia! ¿Les pregunto yo a mis amigos si se han sentado en todas las sillas y sofás y taburetes y tumbonas de sus casas de la ciudad y de la sierra?

El biblioerotismo, como todo amor de verdad, es una apuesta de futuro. Y yo, un vicioso prudente, he almacenado esta amplia galería de objetos amados pensando en la vejez. O en las vacas flacas.

Esas criaturas mudas pero en absoluto silenciosas que me acompañan día y noche son un cielo. Las tengo muy bien instaladas pese algún aprieto. Las limpio yo mismo, siempre que encuentro el tiempo, con un plumero específico. Las saco a respirar de su balda de vez en cuando, no todas las veces pasando cada una de sus páginas.

A la cama me llevo cada noche dos o tres ejemplares, aunque uno es siempre el favorito de la mesilla. Me duermo plácidamente arrullado por sus palabras. Y a la mañana siguiente me despierto, y allí siguen como una roca. No hay que prepararles el desayuno ni llevarlos al colegio.

Según a como está el metro cuadrado en mi zona, pagarle un piso al libro es un lujo. Un lujo prohibitivo que aún me permito en la vida.

Artículo de Molina Foix en el Suplemento Inmobilario de EL PAIS. (2008)

 

 

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Día de la biblioteca

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Cada 24 de octubre se conmemora el Día de la Biblioteca en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, incendiada el 1992 durante el conflicto balcánico.

La iniciativa nació para hacer visible la importancia de la biblioteca como lugar de encuentro con la cultura, y como un instrumento de mejora de la formación y la convivencia humana.

El dato escalofriante es que, el hombre que ordenó disparar los proyectiles incendiarios, había sido un usuario habitual de la biblioteca. Un profesor universitario especializado en la obra de Shakespeare que, para más inri, en su actividad docente, era un total apasionado de las letras y, encima, creaba en sus alumnos curiosidad y amor por la literatura.

Al producirse la implosión de Yugoslavia, el profesor Koljevic, se convirtió en el número dos de la formación ultranacionalista serbia que dirigía Radovan Karadzic, un psiquiatra de Sarajevo (nacido en Montenegro) que también amaba los versos y acabó ordenando masacres. En 1992, Koljevic se convirtió en el intelectual de la fracción serbia que alentaba el cerco militar de la ciudad para forzar su rendición. Amaba la literatura, pero amaba aún más la idealización de la Gran Serbia.

Una vez más, me dan miedo los seres humanos.

¡Feliz día de la biblioteca lectores!

 

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Matar un ruiseñor – Harper Lee

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Analizando la lenta lectura que he llevado de este libro me doy cuenta que Matar un ruiseñor de Harper Lee no es un título para hablar principalmente de racismo. Y es que a veces nos empeñamos en encasillar las cosas cuando el abanico es mucho más amplio.

La historia es contada por una niña pequeña y esto, a mi parecer, es jodidamente genial. Unos ojos infantiles para contar una trama conlleva la simplicidad y sencillez de un razonamiento puro y sin prejuicios.

La pequeña Scout, va evolucionando durante toda la obra según se van desarrollando los acontecimientos. También su hermano mayor, Jem, madura pero de forma distinta a Scout por la diferencia de edad. Mi admiración hacia la autora es total tanto por la exquisita elección del tono de la novela como por el gusto de establecer perfectamente la diferenciación de dicha evolución entre ambos. 

El padre de Scout y Jem es abogado y se encuentra ante un caso difícil: defender a un negro acusado de violar a una mujer blanca, en la sociedad racista estadounidense de la denominada Gran Depresión. Viviendo en un pueblo pequeño, esta familia tiene que lidiar con comentarios y desprecios de sus vecinos por el caso que Atticus tiene que defender ante el tribunal.

Y aquí viene lo que realmente me ha conmovido de este libro y es la INTEGRIDAD de este señor. La honestidad y compromiso con sus hijos y su trabajo. La ética que no debería perderse con los años ni con los daños. El deseo de obrar bien aunque las circunstancias y la misma sociedad te muevan hacia otra cosa. 

El único punto flojo que le he encontrado a Matar un ruiseñor (que me perdonen sus adeptos) es que tarda en arrancar. Me parece lenta al principio aunque he llegado a leer por ahí que tiene un ritmo cinematográfico. No comulgo con esto. ¿Y vosotros?

Curiosidad: La obra tiene también un trasfondo autobiográfico. La autora, sureña, no sólo quedó huérfana de niña, sino que su padre era un abogado de pueblo, que casualmente defendió a dos hombres negros en un proceso similar. Incluso la figura de Dill, un amigo de los niños con gran imaginación, coincide en la vida real con Truman Capote, el famoso escritor y gran amigo desde la infancia de Lee.

 

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Cita a ciegas con un libro

¿Qué te parecería escoger un libro sin poder juzgarlo por su título o portada?

Es cierto que, a veces, precipitados, nos dejamos llevar por la estética de una obra o por un  título atractivo. Otras muchas, en la biblioteca o librería, vamos directos a las novedades o títulos con ya cierto reconocimiento o prestigio dejando olvidadas verdaderas joyas.

El proyecto que hoy os presento es, básicamente, un ejercicio imaginativo donde se escoge por intuición un libro sirviéndonos de una pequeña descripción escrita en el papel que lo envuelve y de sus dimensiones palpables.

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Esta genial idea está inspirada en una biblioteca pública de California dónde, cansados de que hubiese libros con cierta calidad literaria que no se prestaban, decidieron presentarlos de esta forma y ¡tuvieron que reponer la estantería en pocos días! Tuvo tal éxito que pronto se extendió por el resto de Estados Unidos, Europa y Australia.

Hoy en día no sólo se puede ver en bibliotecas sino que también se presenta en librerías con alguna promoción especial y la verdad es que llama mucho la atención. 

¿Habéis visto libros esperando pretendiente en algún sitio? ¿Os aventuraríais a escoger un libro de esta forma? Como siempre digo, si no os gusta, no hay que acabar siempre lo que uno lee. ¡Pero que por probar no quede!

 

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