Archivo de la etiqueta: literatura

INTENTA NO ASOCIAR PELO Y DOLOR

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Recuerdo mi infancia y las veces que lloré mientras me trenzaban la melena larga y tupida. Me acuerdo de que me ponían una bolsa de chocolatinas Smarties delante, la recompensa si aguantaba sentada a que me peinaran.

Y ¿para qué? Imagina si no hubiéramos perdido tantos sábados de infancia y adolescencia peinándonos. ¿Qué podríamos haber aprendido? ¿En qué podríamos habernos convertido? ¿Qué hacían los chicos los sábados?

Fragmento del libro “Querida Ijawele” de Chimamanda Ngozi Adichie

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El arpa dormida

Fue un 11 de febrero (1963) cuando Sylvia Plath preparó el desayuno a sus hijos antes de meter la cabeza en el horno para suicidarse con apenas 30 años.

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Una escritora que admiraba a Virginia Woolf “Siento que mi vida está unida a la suya de algún modo. Me encanta Woolf […]. Pero en el verano negro de 1953 yo sentí que estaba replicando su suicidio. Solo que yo sería incapaz de meterme en un río y ahogarme”.

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Estos versos son de su poemario Ariel, escrito durante los dos últimos meses de su vida y donde se puede apreciar la contrariedad de sus sentimientos.

“Morir es un arte, como cualquier otra cosa

 y yo lo sé hacer excepcionalmente bien,

tan bien, que parece un infierno,

tan bien, que parece de verdad.

Supongo que cabría hablar de vocación.”

El arpa dormida

Recientemente se han publicado sus diarios en una edición muy atractiva, pero es con su obra más representativa “La campana de cristal” por donde quiero empezar a leerla, básicamente porque es su obra lo que Sylvia quería enseñar al mundo y no sus diarios, supongo.

¿No sentís que os entrometéis en la vida del autor cuando leéis los “Diarios de…”? ¿Habéis leído La campana de cristal? ¿Qué os pareció?

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RETO LORCA 2018

En 2018 se cumplirán 120 años del nacimiento de Federico García Lorca, uno de los autores al que recurro constantemente. Sobre todo lo hago cuando he tenido una mala lectura y no sé muy bien por donde seguir por temor a que lo próximo que lea sea igual de decepcionante.

Entonces, cojo algún libro de Lorca que tengo por casa y leo, no necesariamente entero, pero lo justo para ponerme de humor.

Me he propuesto este año acercarme más a su obra y leer lo que todavía no ha pasado por mis manos, tanto de teatro como de poesía. Así también me obligo a incluir otro género distinto a la narrativa o el ensayo, que es lo que más suelo leer. No hay mejor manera de honrar a los escritores que leyendo su legado.

Algunos de los siguientes títulos ya los he leído y, por tanto, me dan alguna ventaja en el reto. Eso por ir siempre tarde y empezar en febrero.

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POESÍA

  • Libro de poemas (1921)
  • Poema del cante jondo (1921)
  • Oda a Salvador Dalí (1926)
  • Romancero gitano (1928)
  • Poeta en Nueva York (1930)
  • Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)
  • Seis poemas galegos (1935)
  • Diván del Tamarit (1936)
  • Sonetos del amor oscuro (1936)

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TEATRO

  • El maleficio de la mariposa (1921)
  • Mariana Pineda (1927)
  • La zapatera prodigiosa (1930)
  • Retablillo de Don Cristóbal (1930)
  • El público (1930)
  • Así que pasen cinco años (1931)
  • Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933)
  • Bodas de sangre (1933)
  • Yerma (1934)
  • Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935)
  • La casa de Bernarda Alba (1936)
  • Comedia sin título (inacabada) (1936)

 

 

¿Algún enamorado más de Lorca en la sala? ¿Qué retos literarios os habéis propuesto vosotros este año? ¿Alguien se une a la causa?

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Lecturas Enero 2018

Se fue enero, y con él, por fin, los retales que aún quedaban de las dichosas fiestas navideñas. Os cuento en este espacio (inaugurado hoy) las lecturas que me han acompañado este frío mes.

A rasgos generales, como veréis a continuación, he intentado enmendar la carencia que descubrí a finales de diciembre y que os conté en mi última entrada. Se trata de la poca variedad en cuanto a escritoras en comparación con escritores. También he empezado el año leyendo literatura contemporánea, cosa poco habitual en mi.

¡Al grano! Estas son mis lecturas del mes:

  • La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, Santiago Posteguillo. 

Un libro en el que cada capítulo cuenta una anécdota o dato referente a la literatura. Ya conocía alguna de estas historias pero otras me han dejado con la boca abierta. Además, a veces Posteguillo no desvela de quién está hablando hasta el final, lo que mantiene la atención y la intriga. Se devora rapidísimo si te gusta el tema. No me voy a extender mucho más porque ya escribí hace poco sobre él aquí.

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  • El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith.

Gracias a la propuesta de los chicos de La Milana Bonita, un programa radiofónico dedicado al fomento de la lectura (que os recomiendo con fervor), llegué hasta este libro. ¡Y qué descubrimiento! El género de esta obra, según la editorial Anagrama, se sitúa entre novela policíaca y novela negra, ambos desconocidos para mi.

En ella se cuenta la historia de Tom Ripley, un chico americano al que una proposición de negocio le lleva a protagonizar una trama de crímenes y estafa principalmente por Italia. ¿Qué tiene de particular? Que empatizas tanto con el asesino que no quieres, por nada del mundo, que sea descubierto. Mantiene la tensión durante toda la historia y, aunque claramente, Ripley es amoral, te engatusa hasta que te avergüenzas de tu grado de comprensión. Y lo mejor es que deja con ganas de más ¡Y hay más! 4 novelas le siguen a esta primera creando una serie/saga que tengo previsto degustar poco a poco.

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Adaptación cinematográfica de El Talento de Mr. Ripley (1999)

 

  • Mi negro pasado, Laura Esquivel.

Es la segunda parte de la famosa novela Como agua para chocolate. Mi negro pasado es la historia María, una chica adicta a la comida que sufre varios golpes de una vez: una separación, la muerte de su madre y desprecio hacia su hijo por parte de sus familiares más cercanos. En esta situación aparece su “hada madrina” para salvarla de clichés innecesarios, su abuela Lucía. Personalmente, el tema abuelos, toca bastante mi sensibilidad y seguramente por ello me inundó una nostalgia absoluta al leerlo.

No es una gran novela ni creo que se convierta en libro de cabecera, pero sí es muy agradable de leer. Curiosamente es la misma opinión que mantengo de Como agua para chocolate, que leí hace ya unos años. Laura Esquivel, además, es uno de esos libros que incluye banda sonora para cada uno de los capítulos, cosa que me gusta bastante en las novelas cuando está bien hecho.

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PD: Gracias Nadia

  • Estupor y temblores, Amélie Nothomb.

Primera toma de contacto con esta prolífica autora belga. Su obra es, en su mayoría, autobiográfica. Tiene un estilo frío y distante, lo que puede dar la sensación de que sus tramas toman un aire cómico.

Estupor y temblores narra el paso de una joven belga en una empresa japonesa y el choque con la cultura profesional asiática. Es entretenido y ágil pero, sinceramente, las reseñas que había leído lo situaban muy por encima de lo que en realidad me ha parecido a mi. Me gusta su estilo sin florituras (lo que más) y es curioso leer sobre la dedicación desmesurada de los japoneses a su trabajo, por encima de su vida personal.

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  • Otras maneras de usar la boca, Rupi Kaur

Rupi Kaur es una joven poeta e ilustradora de origen paquistaní residente en Canadá que, tan solo con 22 años, publicó su primer libro “Milk and honey” traducido al español como “Otras maneras de usar la boca”. Parece que “Leche y miel” no era un título lo suficientemente provocador.

Es un canto feminista para nuevas generaciones dividido en 4 partes: daño, amor, ruptura y cura. A mi creo que me ha pillado un poco tarde. Cuando quiero leer poesía, no es exactamente a esta poesía a la que me refiero. Salvando varios poemas no es el tipo de obra que me conmueve, pero reconozco que este libro puede ser un arma muy poderosa ya que denuncia temas muy importantes como el abuso sexual infantil, por ejemplo.

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Hasta aquí mis lecturas de enero, ¿habéis leído alguna de estas obras? ¿Qué lecturas han acompañado vuestro último mes?

Cualquier recomendación es más que bienvenida.

 

 

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Enero, recapitulemos

Enero está siendo un mes de escritoras. Y es que va por rachas. Lo “normal” es que sea en octubre, por la iniciativa #LeoautorasOct pero es que a mí el octubre pasado me pilló con ansias de Kafka, por poner un ejemplo. No me quiero imponer nada porque considero que leo ambos sexos con gusto. Cuando gusto.

Lo que sí me doy cuenta cuando analizo mis lecturas de 2017 es que aunque rondan 50% autores y 50% autoras, entre ellos son nombres variados y entre ellas mucho menos. Si me anclo en las mismas voces, no encontraré nada nuevo. Es decir, si el propósito de leer autoras (para mí) es tener una visión global de lo que se ha escrito (que no corresponde a feminista por obligación, ese es otro tema) no lo estoy consiguiendo si siempre escojo las mismas autoras.

Ya estoy remediando este drama, pero sigo en búsqueda y captura de voces femeninas que me puedan interesar. Por ello, agradecería que me dejaseis vuestras recomendaciones y, por qué no, vuestras experiencias cuando intentáis escoger lo que leéis. Para mi, cada vez, se convierte en una tarea más difícil.

 

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PD: Debido a que estoy menos activa en cuanto a publicaciones últimamente he decidido hacer un recopilatorio mensual donde detallo mis lecturas. Así, al menos, me aseguro publicar una vez al mes. Lo que venga de más, bienvenido sea.

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La noche en que Frankenstein leyó El Quijote

 

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He empezado 2018 con este simpático libro de Santiago Posteguillo. Se cuentan en él anécdotas y curiosidades literarias de forma muy amena y, lo mejor de todo, es que te provoca más ansia curiosidad por devorar ciertas obras claves de la literatura universal debido a la historia que éstas llevan detrás. La vida secreta de los libros.

Muchas veces me pasa que aunque tenga una lista interminable de libros por leer, no me apetece ninguno en concreto. Y paso días saltando de uno a otro, empezando varios para ver con cual de ellos me engancho. Por esta razón, personalmente, agradezco mucho este tipo de lectura. Te ofrecen un catálogo muy apetecible precisamente porque te explican sus singularidades. Te desbloquean.

Cada capítulo (que no suele ser mayor a cinco páginas) es una anécdota diferente. Por lo tanto, es perfecto para intercalar entre otras lecturas más densas, trayectos cortos en transporte o típicas esperas rutinarias.

¿Con qué libro habéis empezado vosotros el año?

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BOOKTAG DE LOS HÁBITOS LECTORES

¿Tienes un lugar específico para leer en tu casa?

Puedo leer en casi cualquier sitio. En casa suelo hacerlo en el sofá o en la cama (muy original). Pero mi favorito, sin duda, la cama.

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¿Marcapáginas o una pieza de papel al azar? 

Ambas cosas y al azar siempre. Lo que encuentre más a mano. Sin preferencia.

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¿Puedes parar de leer o tienes que detenerte al terminar un capítulo o un determinado número de páginas?

Intento dejar un capítulo terminado. Pero si no es posible (generalmente porque me quede dormida), tampoco me preocupa… Ya retomaré en cuanto pueda volver a la lectura.

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¿Comes o bebes mientras lees?

SI. ¿Hay algo más placentero?

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¿Ves televisión o escuchas música mientras lees?

No. Silencio.

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¿Un libro a la vez o varios al mismo tiempo?

Soy bastante cambiante así que siempre tengo empezados varios libros y los alterno según me apetezca en cada momento.

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¿Leer en casa o en cualquier parte?

Cualquier parte. Libro en la mochila, por si las moscas.

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¿Leer en voz alta o en tu cabeza?

A veces me sorprendo leyendo en voz alta, pero eso suele ocurrir cuando tengo que releer algo que no he entendido a la primera. Normalmente leo en silencio.

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¿Alguna vez lees páginas adelantadas o te saltas algunas?

Nunca. No le veo la gracia.

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¿Romper el lomo o dejarlo como nuevo?

¿Eh?

¿Escribes en tus libros?

Sí, suelo anotar, subrayar y marcar. Me gusta hacerlo porque de un simple vistazo puedo localizar rápidamente mis impresiones. Intento, a ser posible, hacerlo a lápiz.

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Cuando Matilda descubrió los libros

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Así que la joven mente de Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.

Matilda, Roal Dahl 1988

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Kafka y la muñeca viajera

Franz Kafka cartas para Elsi1

En 1923, viviendo en Berlín, Kafka solía ir a un parque, el Steglitz, que todavía existe. Un día encontró a una niñita llorando, porque había perdido su muñeca. Kafka inventó al instante una historia: la muñeca no estaba perdida, sólo se había ido de viaje, para conocer mundo. Y le había escrito a su dueña una carta, que él tenía en su casa y le traería al día siguiente. Y así fue: esa noche se dedicó a escribir la carta, con toda seriedad. (Dora Diamant, que cuenta la historia, dice: “Entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba a su escritorio, así fuera para escribir una carta o una postal”).

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Al día siguiente la niña lo esperaba en el parque, y la “correspondencia” prosiguió a razón de una carta por día, durante tres semanas. La muñeca nunca se olvidaba de enviarle su amor a la niña, a la que recordaba y extrañaba, pero sus aventuras en el extranjero la retenían lejos, y con la aceleración propia del mundo de la fantasía, estas aventuras derivaron en noviazgo, compromiso, y al fin matrimonio e hijos, con lo que el regreso se aplazaba indefinidamente. Para entonces la niña, lectora fascinada de esta novela epistolar, se había reconciliado con la pérdida, a la que terminó viendo como una ganancia.

Privilegiada niñita berlinesa, única lectora del libro más hermoso de Kafka. Me han contado, y quiero creer que es cierto, que el gran estudioso de Kafka, Klaus Wagenbach, buscó durante años a esa niña, interrogó a vecinos del parque, revisó el catastro de la zona, puso avisos en los diarios, todo en vano. Y hasta el día de hoy visita periódicamente el parque Steglitz, examina a las señoras mayores que llevan a jugar a sus nietos… La niña ya debe de ir para los noventa años, y es difícil que la encuentre. Pero el esfuerzo vale la pena. Esas cartas de la muñeca lo tienen todo para hacer soñar no sólo a un editor como Klaus Wagenbach.

Fragmento de artículo en El País por Cesar Aira

8 de mayo de 2004

Leyenda urbana o no,  esta curiosísima historia en la vida de Kafka me ha dejado una ternura indescriptible. Este fragmento inspiró al autor catalán  Jordi Sierra i Fabra a desarrollar todas esas cartas y recopilarlas en su libro Kafka y la muñeca viajera, publicado en 2006 y galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, durante el año 2007.

Ilustraciones: Isabel Torner

 

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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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