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La curiosa evolución de las palabras libertinaje y libertino, por Octavio Paz

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Ilustración: Adara Sánchez Anguiano

“La curiosa evolución de las palabras libertinaje y libertino puede ayudarnos a comprender el no menos curioso destino del erotismo en la Edad Moderna. En español, libertino significó al principio “hijo de liberto” y sólo más tarde designó a una persona disoluta y de vida licenciosa.

En francés, la palabra tuvo durante el siglo XVII un sentido afín al de liberal y liberalidad: generosidad, desprendimiento. Los libertinos, al principio, fueron poetas o, como Cyrano de Bergerac, poetas-filósofos. Espíritus aventureros, fantásticos, sensuales, guiados por la loca imaginación como Théophile de Viau y Tristan L’Hermite. El sentido de ligereza y desenvoltura de la palabra libertinaje en el siglo XVIII lo expresa con mucha gracia Madame de Sévigné: “Je suis tellement libertine quand j’écris, que le premier tour que je prends règne tout le long de ma lettre”.

En el siglo XVIII el libertinaje se volvió filosófico. El libertino fue el intelectual crítico de la religión, las leyes y las costumbres. El deslizamiento fue insensible y la filosofía libertina convirtió al erotismo de pasión en crítica moral. Fue la máscara ilustrada que asumió el erotismo intemporal al llegar la Edad Moderna.

Cesó de ser religión o profanación, y en ambos casos rito, para transformarse en ideología y opinión. Desde entonces el falo y la vulva se han vuelto ergotistas y fiscalizan nuestras costumbres, nuestras ideas y nuestras leyes. La expresión más total y, literalmente, tajante, de la filosofía libertina fueron las novelas de Sade. En ellas se denuncia la religión con no menos furia que al alma y al amor”.

La llama doble

Octavio Paz

Nota: Comparto este fragmento porque me parece muy interesante. Pero debo confesar que a pesar de haber subrayado muchos fragmentos de La llama doble he desistido en su lectura. La razón es que la información es tan sumamente completa que constantemente tengo que apartar el libro e indagar referencias, autores, escritos, libros, mitos… Reconozco que me gusta pero acabo saturada de información con apenas dos páginas de esta obra.

Conclusión: cada vez sé menos y tengo ganas de más.

¿Os ha pasado con alguna obra esto que os cuento?

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Indiferencia

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Hubo un pueblo que castigaba no al ladrón, sino al que se había dejado robar, a fin de que aprendiese a cuidar de sus propiedades.

La filosofía en el tocador.
Marqués de Sade

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Ego

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“¿Acaso nos hacen favores los hombres por nosotros mismos? No lo creamos, querida: lo hacen por ostentación, por orgullo. ¿No es humillante, desde ese momento, convertirse así en el juguete del amor propio de los demás? ¿No lo es más todavía tener que estar agradecido por ello? Nada cuesta tanto como un beneficio recibido. Nada de términos medios: o lo devolvemos o nos envilece. Las almas orgullosas soportan mal el peso del beneficio: pesa sobre ellas con tanta violencia que el único sentimiento que exhalan es el de odio por el bienhechor.”

Filosofía en el tocador – Donatien Alphonse François de Sade

Entre escena y escena del Marqués con sus compañeros y compañeras de alcoba, éste con un sentido muy crítico de la humanidad, da unos discursos de moralidad, política y religión que te hacen levantar la vista del libro y recapacitar sobre lo leído. Porque necesitas ese respiro. 

No es mi primer post relacionado con la ayuda proporcionada y la ayuda recibida. Debe haber algo en mi subconsciente que subraya siempre estos fragmentos.

En Los besos en el pan de Almudena Grandes se narra (entre otras muchas) la historia de una señora muy bien ataviada que iba al colegio a recoger a su nieta todos los días.

En el colegio de su nieta repartían bocadillos a los niños que lo “olvidaban” en casa. La historia real era que las familias decidían ahorrar ese gasto con la escusa de que sus hijos llegarían con más hambre al almuerzo. Pero sus hijos pasaban hambre en los recreos. 

Una de esas niñas era la nieta de la señora que se enfrentó con la profesora que promovía la ayuda, amenazándola incluso con una denuncia si seguía insistiendo en que eran unos pobretones que no tenían con qué alimentar a su nieta en su descanso matutino.

Y se estudiarán las “Consecuencias de la crisis de España” con aspectos muy generales y será en los libros donde encontraremos las autenticas historias, como ha sido siempre. Pero ese es otro tema.

Nos podemos quedar con “Las almas orgullosas soportan mal el peso del beneficio” o “Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla”. Siglo XVIII o XXI. ¿Qué preferís?

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