Archivo de la etiqueta: muerte

Hola Margaret

Cualquiera que me conozca y me escuche sabe que mi género literario preferido es la distopía. Con Orwell de cabecera siempre. 

Inmersa en la lectura de El cuento de la criada e impactándome sobre la marcha, voy buscando información por la red referente a esta obra y sobre todo a su autora, Margaret Atwood.

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No sé porqué razón tenía la idea de que esta señora estaba muerta (como pasa con la mayoría de autores que leo) pero cuál ha sido mi sorpresa cuando me entero de que vive y colea. De hecho, hasta ha colaborado con un cameo en la adaptación que ha lanzado HBO de esta novela. 

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Llevo algún tiempo observando la campaña desmesurada que se hace para “rescatar” figuras femeninas del ámbito artístico o literario (entre otros). La mayoría de las mujeres que protagonizan esta campaña están muertas, y en muchos casos murieron sin reconocimiento (casualmente como muchos grandes autores que he leído). Yo, encima, con ansia, me pongo a buscar las peculiaridades de estas mujeres pero a veces me encuentro con que el filtro que se usa para rescatarlas es sumamente amplio. Y me entristece.

Es evidente que este bombardeo tiene una muy buena intención: darles la visibilidad que no recibieron en su momento pero ¿es práctico?. Me explico: ser conscientes de que hubo (y aún hay) poca visibilidad femenina nos tendría que llevar a dar su lugar a mujeres originales como Margaret Atwood actualmente, en vida. Y a descartar a otras, también en vida. Cómo se ha hecho con muchos hombres también. ¿Lo hacemos?

En una entrevista, la propia Atwood dice que hay que tener cuidado con el feminismo moderno, porque a veces “te encuentras apoyando un paquete que incluye cosas que nosotros no apoyábamos”.

Soy la primera que tengo iconos femeninos demasiado muertos ya. Pero a partir de éstos, de su mirada y de su trayectoria está mi baremo particular para filtrar otros muchos. No obstante esta vara de medir mía no es distinta ni flexible para mujeres, porque considero que iría en detrimento de ellas.

No soy quién para aconsejar pero por favor, equilibrio y criterio. Que estamos en crisis.

PD: Hola Margaret

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El mar y la sombra – Victor Hugo

4736224a352ba4b7b99c14b05f7f57f0¡Hombre al agua!

¡Qué más da! El barco no se detiene. El viento sopla, ese barco sombrío tiene un derrotero al que no le queda más remedio que atenerse.

Pasa de largo.

El hombre desaparece, vuelve luego a aparecer, se sumerge y regresa a la superficie, llama, tiende los brazos, no lo oyen; el barco, vibrando en el huracán, no atiende sino a su maniobra; los marineros y los pasajeros no ven ya siquiera al hombre hundido en el agua; la pobre cabeza no es ya sino un punto entre la enormidad de las olas.

Lanza en las profundidades gritos desesperados. ¡Esa vela que se aleja es un espectro terrible! La mira, la mira con frenesí. Se aleja, palidece, mengua. Hace un momento él estaba allí, formaba parte de la tripulación, iba y venía por el puente con los demás, le correspondía su ración de aire para respirar y de sol, era un ser vivo. Ahora, ¿qué ha sucedido? Resbaló, cayó, y ya está.

Se haya en el agua monstruosa. Sólo tiene ya bajo los pies algo que huye y se desploma. Las olas, que el viento rasga y hace jirones, lo rodean horrorosamente; los cabeceos del abismo lo arrastran; todos los harapos del agua se mueven en torno a su cabeza; un populacho de olas le escupe; confusas cavidades se lo tragan a medias; cada vez que se hunde, vislumbra precipicios repletos de noche; espantosas vegetaciones desconocidas lo aferran, le anudan los pies, tiran de él; nota que se vuelve abismo; forma parte de la espuma; las oleadas se lo lanzan, de una a otra; bebe amargura; el océano se obstina en ahogarlo; la enormidad juega con su agonía. Es como si toda esa agua fuera odio.

No obstante lucha.

Intenta defenderse, intenta mantenerse a flote, se esfuerza, nada.

Él, esa pobre fuerza que se agota enseguida, combate contra lo inagotable.

¿Dónde estará el barco? Allá lejos. Casi no se lo ve entre las pálidas tinieblas del horizonte.

Soplan las ráfagas; todas las espumas lo agobian. Alza los ojos y no ve sino las livideces de las nubes. Presencia, agonizante, la gigantesca demencia del mar. Esa locura es un suplicio. Oye ruidos ajenos al hombre que parecen venir de más allá de la tierra y no se sabe de qué exterior espantoso.

Hay aves en las nubes, de la misma forma que hay ángeles por encima de los desvalimientos humanos, pero ¿qué podrían hacer por él? Vuelan, cantan y planean; y él suelta un estertor.

Siente que lo sepultan a la vez esos dos infinitos, el océano y el cielo; uno es tumba y el otro es sudario.

Cae la noche, lleva horas nadando, ya no le quedan fuerzas; aquel barco, aquel objeto lejano en el que había hombres, se ha esfumado, está solo en el formidable abismo crepuscular, se hunde, se resiste, se retuerce, nota por debajo de él los inconcretos monstruos de lo invisible; llama.

Ya no hay hombres. ¿Dónde está Dios?

Llama. ¡Que conteste alguien! ¡Alguien! Sigue llamando.

Nada en el horizonte. Nada en el cielo.

Implora a la extensión, a las olas, a las algas, al arrecife, están sordos. Suplica a la tempestad; la tempestad, imperturbable, sólo obedece al infinito.

En torno, la oscuridad, la bruma, la soledad, el tumulto tempestuoso e inconsciente, los pliegues infinitos de las aguas hoscas. En él, el espanto y el cansancio. Bajo él, la caída. No hay punto de apoyo. Piensa en las aventuras tenebrosas del cadáver en la sombra ilimitada. El frío sin fondo lo paraliza. Se le crispan las manos, y se cierran y se aferran la nada. ¡Vientos, nubes, torbellinos, ráfagas, estrellas inútiles! ¿Qué hacer? El desesperado cede; quien está cansado toma la decisión de morir; deja que suceda lo que sea, se deja ir, rinde las armas; y cae para siempre en las profundidades lúgubres del que se ahoga.

¡Ay, caminar implacable de las sociedades humanas! ¡Con hombres y almas quedándose por el camino! ¡Océano donde cae todo cuando deja caer la ley! ¡Desaparición siniestra del socorro! ¡Ay, muerte moral!

El mar es inexorable noche social a la que arrojan los penales a sus condenados. El mar es la miseria inmensa.

El alma, cayendo a pique en ese abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién la resucitará?

Los miserables, Primera parte, Libro segundo, Capítulo VIII

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La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

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“¡Qué título tan potente el de este libro!” – Pensé la primera vez que oí hablar de él. Busqué un poco de información. Sinopsis:

Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

No me convenció. Me sonaba a Love actually. No me interesaba.

Vuelve a aparecer su título. Vuelvo a buscar la sinopsis y alguna opinión (tengo poca memoria). Nada, cuando recordé la comedia romántica lo descarté de nuevo.

Empiezo a leer comentarios de gente enamorada de su lectura. No me atrae a pesar de las buenas reseñas, incluso he llegado a leer que es un libro que cambia la vida.

Cabe mencionar que el título seguía y sigue impactándome, independientemente de mi opinión ahora. Así que la curiosidad mató al gato y me lo zampé.

Encontré en él muchos temas aparte de celos, sexo, infidelidad, amor, etc.  Es por ello que pienso que la sinopsis no refleja la esencia de la obra. En ella no se cuenta que se hablará también de movimientos políticos, religión, respeto a los animales, o la subjetividad entre otras cosas. Hay alguna reflexión destacable, como por ejemplo la del vértigo:

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

No ha cambiado mi vida (hay libros que la cambian, pero este no es uno de ellos). Aún no se realmente qué me ha causado La insoportable levedad del ser aparte de un conflicto entre mis expectativas y la realidad. Mentiría si dijera que no me enganchó al principio pero se fue desinflando poco a poco ya que, a medida que avanzaba, me parecía filosofía barata. Yo nunca catalogaría esta obra como filosófica, como está catalogada (como si fuese yo alguien para catalogar).

En mi opinión ni la sinopsis hace honor al libro, ni el libro hace honor al título.

Ahora bien, al César lo que es del César. En la sexta parte llamada La Gran Marcha me pareció salir de la novela y meterme en una distopía que refleja los comportamientos humanos ante una situación extrema. Ese fragmento sí que me gustó bastante y, como veis, no tiene nada que ver con la presentación que se da del libro.

¿Qué os ha parecido a los que lo habéis leído?

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