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El mito de Sísifo – Albert Camus

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación.

Pienso que el comienzo de un libro es fundamental. Cómo un libro en su primera o segunda página no me diga algo interesante y/o estimulador difícilmente siga la lectura con ánimo de acabarla. De ahí la interminable lista de libros empezados que tengo y que nunca acabaré.

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No es el caso (como se aprecia en las primeras lineas) de El mito de Sísifo de Albert Camus. Terminé su lectura hace unos meses y necesitaba recordarlo con cierta perspectiva para hablar de él. Es aquí donde el autor desarrolla su idea de “hombre absurdo” y reflexiona sobre la religión, el amor, el arte y, en definitiva, todas las razones por las que el hombre encuentra sentido en su vida. O no.

Un hombre que adquiere conciencia de lo absurdo queda ligado a ello para siempre. Un hombre sin esperanza y consciente de no tenerla no pertenece ya al porvenir. Esto es natural. Pero es natural también que haga esfuerzos por liberarse del universo que él mismo ha creado.

He leído ya varias obras de Camus hasta la fecha y es en El mito de Sísifo donde se retrata perfectamente esa filosofía que le caracteriza.

Alguien que desarrolla la idea de que “si el mundo fuese claro no existiría el arte” o “el pensamiento de un hombre es, ante todo, su nostalgia” me tiene ganada. Pero es que encima hace un guiño final a Kafka que corona el ensayo.

Desconozco si las condiciones de lectura pueden influir mucho en la experiencia de ésta. Yo leí este libro en un viaje durante horas de transporte público, aeropuertos y colas de espera. Será por eso que también le cojo un cariño especial a los buenos libros que me sorprenden durante el trayecto.

Pero junto con éste, hubo dos más (muy reputados por cierto) en ese mismo viaje. En concreto El coronel no tiene quién le escriba de Gabriel García Márquez y Demian de Hermann Hesse. No me gustaron especialmente, ni puedo compartir la idolatría que existe hacia ellos. Sin embargo, Camus me tuvo ensimismada con reflexiones y planteamientos sin el misticismo de Hesse ni el realismo mágico de Gabo.

¿Habéis leído este libro? ¿Os afectan las condiciones externas en la experiencia de lectura? ¿Qué obra es, para vosotros, la mejor de Albert Camus?

 

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Lecturas Enero 2018

Se fue enero, y con él, por fin, los retales que aún quedaban de las dichosas fiestas navideñas. Os cuento en este espacio (inaugurado hoy) las lecturas que me han acompañado este frío mes.

A rasgos generales, como veréis a continuación, he intentado enmendar la carencia que descubrí a finales de diciembre y que os conté en mi última entrada. Se trata de la poca variedad en cuanto a escritoras en comparación con escritores. También he empezado el año leyendo literatura contemporánea, cosa poco habitual en mi.

¡Al grano! Estas son mis lecturas del mes:

  • La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, Santiago Posteguillo. 

Un libro en el que cada capítulo cuenta una anécdota o dato referente a la literatura. Ya conocía alguna de estas historias pero otras me han dejado con la boca abierta. Además, a veces Posteguillo no desvela de quién está hablando hasta el final, lo que mantiene la atención y la intriga. Se devora rapidísimo si te gusta el tema. No me voy a extender mucho más porque ya escribí hace poco sobre él aquí.

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  • El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith.

Gracias a la propuesta de los chicos de La Milana Bonita, un programa radiofónico dedicado al fomento de la lectura (que os recomiendo con fervor), llegué hasta este libro. ¡Y qué descubrimiento! El género de esta obra, según la editorial Anagrama, se sitúa entre novela policíaca y novela negra, ambos desconocidos para mi.

En ella se cuenta la historia de Tom Ripley, un chico americano al que una proposición de negocio le lleva a protagonizar una trama de crímenes y estafa principalmente por Italia. ¿Qué tiene de particular? Que empatizas tanto con el asesino que no quieres, por nada del mundo, que sea descubierto. Mantiene la tensión durante toda la historia y, aunque claramente, Ripley es amoral, te engatusa hasta que te avergüenzas de tu grado de comprensión. Y lo mejor es que deja con ganas de más ¡Y hay más! 4 novelas le siguen a esta primera creando una serie/saga que tengo previsto degustar poco a poco.

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Adaptación cinematográfica de El Talento de Mr. Ripley (1999)

 

  • Mi negro pasado, Laura Esquivel.

Es la segunda parte de la famosa novela Como agua para chocolate. Mi negro pasado es la historia María, una chica adicta a la comida que sufre varios golpes de una vez: una separación, la muerte de su madre y desprecio hacia su hijo por parte de sus familiares más cercanos. En esta situación aparece su “hada madrina” para salvarla de clichés innecesarios, su abuela Lucía. Personalmente, el tema abuelos, toca bastante mi sensibilidad y seguramente por ello me inundó una nostalgia absoluta al leerlo.

No es una gran novela ni creo que se convierta en libro de cabecera, pero sí es muy agradable de leer. Curiosamente es la misma opinión que mantengo de Como agua para chocolate, que leí hace ya unos años. Laura Esquivel, además, es uno de esos libros que incluye banda sonora para cada uno de los capítulos, cosa que me gusta bastante en las novelas cuando está bien hecho.

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PD: Gracias Nadia

  • Estupor y temblores, Amélie Nothomb.

Primera toma de contacto con esta prolífica autora belga. Su obra es, en su mayoría, autobiográfica. Tiene un estilo frío y distante, lo que puede dar la sensación de que sus tramas toman un aire cómico.

Estupor y temblores narra el paso de una joven belga en una empresa japonesa y el choque con la cultura profesional asiática. Es entretenido y ágil pero, sinceramente, las reseñas que había leído lo situaban muy por encima de lo que en realidad me ha parecido a mi. Me gusta su estilo sin florituras (lo que más) y es curioso leer sobre la dedicación desmesurada de los japoneses a su trabajo, por encima de su vida personal.

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  • Otras maneras de usar la boca, Rupi Kaur

Rupi Kaur es una joven poeta e ilustradora de origen paquistaní residente en Canadá que, tan solo con 22 años, publicó su primer libro “Milk and honey” traducido al español como “Otras maneras de usar la boca”. Parece que “Leche y miel” no era un título lo suficientemente provocador.

Es un canto feminista para nuevas generaciones dividido en 4 partes: daño, amor, ruptura y cura. A mi creo que me ha pillado un poco tarde. Cuando quiero leer poesía, no es exactamente a esta poesía a la que me refiero. Salvando varios poemas no es el tipo de obra que me conmueve, pero reconozco que este libro puede ser un arma muy poderosa ya que denuncia temas muy importantes como el abuso sexual infantil, por ejemplo.

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Hasta aquí mis lecturas de enero, ¿habéis leído alguna de estas obras? ¿Qué lecturas han acompañado vuestro último mes?

Cualquier recomendación es más que bienvenida.

 

 

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Nostalgia

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“Cada recuerdo tiene su jerarquía íntima y personal, muchas veces con independencia de su importancia intrínseca”

Los renglones torcidos de Dios

Torcuato Luca de Tena

¡Cuánta verdad en tan pocas palabras!

No hay que sufrir una enfermedad relacionada con la memoria, ni tampoco está ligado a los años que nos separan de nuestro nacimiento.

Nuestros recuerdos son tan caprichosos que podemos olvidar una mirada de esta misma mañana y reemplazarla por otra de hace diez, quince o veinte años. Así somos.

No he vivido muchos malos momentos. Han sido pocos pero, todos ellos, con la característica común de obligarme a cambiar el rumbo de mis rutinas y hábitos.

Obligación de “olvidar”, readaptarte y recolocarte.

En uno de ellos, hubo alguien que me dijo algo, no sé si útil, pero cierto.

No le conocía de nada, apenas nos vimos dos o tres veces por razones de insufribles trámites. Entre lo desagradable del papeleo me dijo algo así:

“Da igual el tiempo que pase, ni lo que estés haciendo: vas a tomar algo con tus amigos, te vas a reír, vas a conducir, vas a subir las escaleras de casa más o menos sobria y ahí mismo, por poner un ejemplo, lo vas a recordar.”

Estas palabras fueron de empatía y compasión. No se muy bien si quisieron consolarme visto ahora desde la distancia.

El caso es que ahora las uso también para rememorar cada instante de la jerarquía de mis (buenos) recuerdos. Y alivia.

Alivia tener una pequeña mochila donde sacar las sonrisas cómplices y siempre fieles de tu familia, las risas con tu gente, el color especial de una ciudad llena de anécdotas o la brisa de la playa de Camposoto.

Pero, enredados también en el desorden de mi mochila, aparecen algunos recuerdos amargos que desean el primer puesto en mi particular jerarquía y me seducen dejando automáticamente de hacer caso a todo lo demás. 

Y es así como te conviertes en un despojo nostálgico un sábado por la mañana.

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