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Distender

Según la RAE: Aflojar, relajar o disminuir la tensión de algo.

Todos necesitamos en lo arduo de la rutina intercalar soplos de frescura. Aunque la rutina no sea tensa (para algunos más que para otros), siempre necesita de variaciones para que justamente no nos parezca eso, rutinaria. Aunque lo sea. 

¿Son estas variaciones distensoras tanto o más importantes que la rutina propiamente dicha? Sí, por supuesto. Como lo son admirar la naturaleza después de un día abrumador de trabajo o sin él, pasar un rato a la mesa con la familia compartiendo comida, vino, anécdotas y chistes o el silencio sin más.

Mi rutina lectora dista mucho de ser pesada. De hecho, es mi vía de escape por excelencia. Pero es curioso que, dentro de esta rutina, me sirva de variaciones, como el teatro y la poesía, para aportar esa frescura que necesito cuando hay libros que, o bien no me han terminado de convencer o justamente lo contrario, me han dejado tan sorprendida que no sepa a qué recurrir que esté a la altura (en este último caso, más que distender, necesito “olvidar” la impresión en un tiempo prudencial).

Y es aquí donde vengo a recomendar una obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero: El genio alegre. Dicha obra se empeña en recalcar lo importante que es para sobrellevar los días una actitud alegre y positiva, donde la risa sea siempre protagonista en lugar de pesadumbres, quejas u orden.

Es cómica sin caer en lo vulgar, arraigada a Andalucía y sus acentos, de carácter costumbrista sin entrar demasiado en crítica ni símbolismos, con pocos pero simpáticos personajes. Una obra para, al fin y al cabo, distender.

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Curiosidad: El compositor italiano Franco Vittadini le puso música convirtiéndola en la ópera Anima allegra.

P.D: El apunte inferior referente a los acentos en el reparto de los personajes muestra el hincapié que hacen los autores en su representación o lectura. ❤

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Matar un ruiseñor – Harper Lee

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Analizando la lenta lectura que he llevado de este libro me doy cuenta que Matar un ruiseñor de Harper Lee no es un título para hablar principalmente de racismo. Y es que a veces nos empeñamos en encasillar las cosas cuando el abanico es mucho más amplio.

La historia es contada por una niña pequeña y esto, a mi parecer, es jodidamente genial. Unos ojos infantiles para contar una trama conlleva la simplicidad y sencillez de un razonamiento puro y sin prejuicios.

La pequeña Scout, va evolucionando durante toda la obra según se van desarrollando los acontecimientos. También su hermano mayor, Jem, madura pero de forma distinta a Scout por la diferencia de edad. Mi admiración hacia la autora es total tanto por la exquisita elección del tono de la novela como por el gusto de establecer perfectamente la diferenciación de dicha evolución entre ambos. 

El padre de Scout y Jem es abogado y se encuentra ante un caso difícil: defender a un negro acusado de violar a una mujer blanca, en la sociedad racista estadounidense de la denominada Gran Depresión. Viviendo en un pueblo pequeño, esta familia tiene que lidiar con comentarios y desprecios de sus vecinos por el caso que Atticus tiene que defender ante el tribunal.

Y aquí viene lo que realmente me ha conmovido de este libro y es la INTEGRIDAD de este señor. La honestidad y compromiso con sus hijos y su trabajo. La ética que no debería perderse con los años ni con los daños. El deseo de obrar bien aunque las circunstancias y la misma sociedad te muevan hacia otra cosa. 

El único punto flojo que le he encontrado a Matar un ruiseñor (que me perdonen sus adeptos) es que tarda en arrancar. Me parece lenta al principio aunque he llegado a leer por ahí que tiene un ritmo cinematográfico. No comulgo con esto. ¿Y vosotros?

Curiosidad: La obra tiene también un trasfondo autobiográfico. La autora, sureña, no sólo quedó huérfana de niña, sino que su padre era un abogado de pueblo, que casualmente defendió a dos hombres negros en un proceso similar. Incluso la figura de Dill, un amigo de los niños con gran imaginación, coincide en la vida real con Truman Capote, el famoso escritor y gran amigo desde la infancia de Lee.

 

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Mujeres de negro – Josefina R. Aldecoa

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Sinopsis: Gabriela y Juana, madre e hija, viven los años de la guerra civil en una ciudad castellana cuyo ambiente les resulta incómodo y asfixiante. Gabriela se ha quedado viuda, su marido ha sido fusilado por sus ideas republicanas y subsiste dando clases en la escuela privada, ya que no tiene acceso a la pública debido a sus ideas políticas, hasta que decide aceptar la proposición de matrimonio que le hace Octavio, un misterioso millonario mexicano que se llevará a madre e hija a su hacienda de Puebla. Allí, lejos del núcleo de exiliados españoles, va transcurriendo la vida de ambas mujeres. Sobre un fondo de sucesos históricos, evocados a la luz nostálgica de la memoria y del desgarro del exilio, asistimos a la intensa relación de Gabriela y Juana, al amor de la hija por su madre, oscilante entre la dependencia y la rebeldía. Juana evoluciona hacia un mundo de deseos y proyectos que choca con la hermética personalidad de la madre, austera y enlutada, marcada por la mística del deber y un puritanismo laico de raíces castellanas. Juana, que rechaza por instinto el pesimismo vital de las mujeres de negro que han habitado su vida, después de varios años de exilio decide regresar al Madrid de la posguerra y se integra a una universidad que ensaya sus primeros conatos de rebeldía.

Encontré este libro por casualidad. Estaba entre los pocos títulos en español que hay en la biblioteca de donde vivo en Reino Unido y la autora me sonaba vagamente. Vaya sorpresas se lleva una a veces.

La historia es contada en primera persona por Juana, una niña que va creciendo y evolucionando durante todo el libro. Desde la visión de Juana conocemos a Gabriela, su madre, una mujer fiel a sus ideas y que cree firmemente en la educación. 

Desde la sencillez y la cotidianidad te vas metiendo en los pensamientos de Juana, su vida familiar, amistades, sentimientos, anhelos e inquietudes.

Me aventuraría a comparar el estilo de Josefina R. Aldecoa con el de Carmen Laforet salvando la diferencia de que la temática de Carmen en Nada es mucho más existencialista y no relata la época como lo hace Josefina.

Si buscáis en la lectura giros inesperados o una trama enrevesada, NO os aconsejaría este libro. Cuenta situaciones cotidianas intercalando pasajes históricos desde los ojos de una niña en primer lugar, luego de una adolescente y finalmente de una mujer. A mí, personalmente, si la historia está bien contada no me importa que no haya un gran entramado. Me gustó bastante y por eso lo comparto.

Después de terminar la novela e indagando un poco sobre la autora me he dado cuenta que Mujeres de Negro es la segunda parte de una trilogía (¡bravo Laura!). La primera parte se llama Historia de una maestra y es relatada por Gabriela, la madre de Juana que, para mi gusto, es un personaje muy potente. Si alguien ya ha leído esta primera parte me encantaría conocer su opinión. Por lo pronto ya está en mi lista de próximas lecturas aunque me haya saltado a la torera el orden.  

 

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