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Cuando los libros te llevan a los lugares

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Por mi propio pie probablemente no hubiese visitado Turín ya que no se presenta como una ciudad muy turística y podría dedicar ese tiempo a conocer alguna más llamativa de Italia.

La verdadera culpable de que esté hoy aquí es la escritora Julia Navarro. Hace un año aproximadamente leí La hermandad de la Sábana Santa. Una novela ambientada en las calles de esta ciudad y yo, que disto mucho de tener creencias católicas, me quedé abrumada con la sorprendente historia que hay detrás del venerado sudario cristiano. 

Esta entrada no es para recomendaros el libro en sí sino para compartir otra ventaja genial que tiene la literatura y es la de crear esa curiosidad de ver con los ojos lo que ya has visto con la imaginación. Pasear por ciudades por las que ya paseaste mientras leías. Descripciones de paisajes, costumbres y culturas. Qué maravilla cuando un escritor tiene la capacidad de llevarte a lugares o a épocas, sin anteponerlos a la propia historia. Ojalá se pudiese pasear por las épocas también, pero creo que sería mucho pedir ¿verdad?

También me pasó esto con Reír al viento de Sandra Barneda. Desde que leí este libro quiero ir a Bali y ver un amanecer después de haber subido por un volcán.

¿Qué obra literaria os ha creado ansia de visitar algún lugar?

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El orden lógico de las prioridades

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Hoy estaré volando a mi tierra y pasaré allí unos días.

¿Qué hacéis durante los vuelos? Pensaréis que yo tendré las narices metidas en un libro.

Y, a veces, así es. Pero no siempre.

Aprovecho esas pocas horas de desconexión total para poner mi cabeza en orden. Para intentarlo al menos.

Una vez leí este fragmento y tuve que subrayarlo. Hoy, que vuelo, lo comparto con vosotros. ¡Despegamos!

“¿Cómo será este lugar desde el cielo? Le excitaba sobremanera no perderse detalles de los minutos previos a aterrizar. El momento en el que el gran pájaro desciende, perdiendo altura y descubriendo nuestra tierra que, tras las nebulosas, emerge como un gran puzzle de tramas, colores y texturas. Las vidas, las personas, carecemos de importancia a esa altura; solo la tierra, sus colores y sus heridas; los accidentes geográficos destacan y pueden percibirse. Es como si, desde el aire, fuera más fácil establecer el orden lógico de las prioridades: la tierra, el mar, las montañas… Desde que lo descubrió, tiene claro que, si algún día tiene que tomar una decisión muy importante, se montará en un avión y, con libreta y lápiz en mano, reflexionará hasta dar con la respuesta.”

La tierra de las mujeres

Sandra Barneda.

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