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Señales de vida

Esta noche nos amamos

ajenos a nuestra suerte,

sin pensar en el mañana…

mañana será otra muerte.

Señales de vida, Juan Antonio González Romano

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Foto: Duane Michals (Secuencias)

 

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El mito de Sísifo – Albert Camus

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación.

Pienso que el comienzo de un libro es fundamental. Si un libro en su primera o segunda página no me dice algo interesante y/o estimulador difícilmente siga la lectura con ánimo de acabarla. De ahí la interminable lista de libros empezados que tengo y que nunca acabaré.

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No es el caso (como se aprecia en las primeras líneas) de El mito de Sísifo de Albert Camus. Terminé su lectura hace unos meses y necesitaba recordarlo con cierta perspectiva para hablar de él. Es aquí donde el autor desarrolla su idea de “hombre absurdo” y reflexiona sobre la religión, el amor, el arte y, en definitiva, todas las razones por las que el hombre encuentra sentido en su vida. O no.

Un hombre que adquiere conciencia de lo absurdo queda ligado a ello para siempre. Un hombre sin esperanza y consciente de no tenerla no pertenece ya al porvenir. Esto es natural. Pero es natural también que haga esfuerzos por liberarse del universo que él mismo ha creado.

He leído ya varias obras de Camus hasta la fecha y es en El mito de Sísifo donde se retrata perfectamente esa filosofía que le caracteriza.

Alguien que desarrolla la idea de que “si el mundo fuese claro no existiría el arte” o “el pensamiento de un hombre es, ante todo, su nostalgia” me tiene ganada. Pero es que encima hace un guiño final a Kafka que corona el ensayo.

Desconozco si las condiciones de lectura pueden influir mucho en la experiencia de ésta. Yo leí este libro en un viaje durante horas de transporte público, aeropuertos y colas de espera. Será por eso que también le cojo un cariño especial a los buenos libros que me sorprenden durante el trayecto.

Pero junto con éste, hubo dos más (muy reputados por cierto) en ese mismo viaje. En concreto El coronel no tiene quién le escriba de Gabriel García Márquez y Demian de Hermann Hesse. No me gustaron especialmente, ni puedo compartir la idolatría que existe hacia ellos. Sin embargo, Camus me tuvo ensimismada con reflexiones y planteamientos sin el misticismo de Hesse ni el realismo mágico de Gabo.

¿Habéis leído este libro? ¿Os afectan las condiciones externas en la experiencia de lectura? ¿Qué obra es, para vosotros, la mejor de Albert Camus?

 

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El arpa dormida

Fue un 11 de febrero (1963) cuando Sylvia Plath preparó el desayuno a sus hijos antes de meter la cabeza en el horno para suicidarse con apenas 30 años.

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Una escritora que admiraba a Virginia Woolf “Siento que mi vida está unida a la suya de algún modo. Me encanta Woolf […]. Pero en el verano negro de 1953 yo sentí que estaba replicando su suicidio. Solo que yo sería incapaz de meterme en un río y ahogarme”.

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Estos versos son de su poemario Ariel, escrito durante los dos últimos meses de su vida y donde se puede apreciar la contrariedad de sus sentimientos.

“Morir es un arte, como cualquier otra cosa

 y yo lo sé hacer excepcionalmente bien,

tan bien, que parece un infierno,

tan bien, que parece de verdad.

Supongo que cabría hablar de vocación.”

El arpa dormida

Recientemente se han publicado sus diarios en una edición muy atractiva, pero es con su obra más representativa “La campana de cristal” por donde quiero empezar a leerla, básicamente porque es su obra lo que Sylvia quería enseñar al mundo y no sus diarios, supongo.

¿No sentís que os entrometéis en la vida del autor cuando leéis los “Diarios de…”? ¿Habéis leído La campana de cristal? ¿Qué os pareció?

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Literatura y carnaval (IX)

Hoy empieza el Carnaval de verdad. El de la calle. Y, a partir de hoy, las panderetas de los componentes de la comparsa “El perro andalú” no van a dejar de sonar por los rincones de su ciudad. Esa pandereta que evoca “El mañana efímero” de Antonio Machado.

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También pasearán con sus collares de perros que representan al poema del “Niño Yuntero” de Miguel Hernández.

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Lo que seguramente no carguen sea el forillo que representa las ocho provincias andaluzas, gran tributo a aquel proyecto llamado La Barraca creado por Lorca para llevar las grandes obras de la literatura al pueblo rural, que no disponía de medios para acercarse a ellas.

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Hace poco me compré un poemario, da igual de qué autora, eso no viene al caso. Pero cuando lo palpaba antes de empezar a leer, experimentaba una especie de temor. Ese temor que se siente cuando sabes que algo tiene capacidad para agitarte y agotarte, pero no sabes si estás en el mejor momento para exponerte.

Eso también me pasa con ciertas comparsas. Eso me ha pasado este año con El perro andalú de Antonio Martínez Ares. Y es que, a veces, el carnaval es poesía.

¡Feliz carnaval 2018!

 

 

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Lecturas Enero 2018

Se fue enero, y con él, por fin, los retales que aún quedaban de las dichosas fiestas navideñas. Os cuento en este espacio (inaugurado hoy) las lecturas que me han acompañado este frío mes.

A rasgos generales, como veréis a continuación, he intentado enmendar la carencia que descubrí a finales de diciembre y que os conté en mi última entrada. Se trata de la poca variedad en cuanto a escritoras en comparación con escritores. También he empezado el año leyendo literatura contemporánea, cosa poco habitual en mi.

¡Al grano! Estas son mis lecturas del mes:

  • La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, Santiago Posteguillo. 

Un libro en el que cada capítulo cuenta una anécdota o dato referente a la literatura. Ya conocía alguna de estas historias pero otras me han dejado con la boca abierta. Además, a veces Posteguillo no desvela de quién está hablando hasta el final, lo que mantiene la atención y la intriga. Se devora rapidísimo si te gusta el tema. No me voy a extender mucho más porque ya escribí hace poco sobre él aquí.

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  • El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith.

Gracias a la propuesta de los chicos de La Milana Bonita, un programa radiofónico dedicado al fomento de la lectura (que os recomiendo con fervor), llegué hasta este libro. ¡Y qué descubrimiento! El género de esta obra, según la editorial Anagrama, se sitúa entre novela policíaca y novela negra, ambos desconocidos para mi.

En ella se cuenta la historia de Tom Ripley, un chico americano al que una proposición de negocio le lleva a protagonizar una trama de crímenes y estafa principalmente por Italia. ¿Qué tiene de particular? Que empatizas tanto con el asesino que no quieres, por nada del mundo, que sea descubierto. Mantiene la tensión durante toda la historia y, aunque claramente, Ripley es amoral, te engatusa hasta que te avergüenzas de tu grado de comprensión. Y lo mejor es que deja con ganas de más ¡Y hay más! 4 novelas le siguen a esta primera creando una serie/saga que tengo previsto degustar poco a poco.

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Adaptación cinematográfica de El Talento de Mr. Ripley (1999)

 

  • Mi negro pasado, Laura Esquivel.

Es la segunda parte de la famosa novela Como agua para chocolate. Mi negro pasado es la historia María, una chica adicta a la comida que sufre varios golpes de una vez: una separación, la muerte de su madre y desprecio hacia su hijo por parte de sus familiares más cercanos. En esta situación aparece su “hada madrina” para salvarla de clichés innecesarios, su abuela Lucía. Personalmente, el tema abuelos, toca bastante mi sensibilidad y seguramente por ello me inundó una nostalgia absoluta al leerlo.

No es una gran novela ni creo que se convierta en libro de cabecera, pero sí es muy agradable de leer. Curiosamente es la misma opinión que mantengo de Como agua para chocolate, que leí hace ya unos años. Laura Esquivel, además, es uno de esos libros que incluye banda sonora para cada uno de los capítulos, cosa que me gusta bastante en las novelas cuando está bien hecho.

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PD: Gracias Nadia

  • Estupor y temblores, Amélie Nothomb.

Primera toma de contacto con esta prolífica autora belga. Su obra es, en su mayoría, autobiográfica. Tiene un estilo frío y distante, lo que puede dar la sensación de que sus tramas toman un aire cómico.

Estupor y temblores narra el paso de una joven belga en una empresa japonesa y el choque con la cultura profesional asiática. Es entretenido y ágil pero, sinceramente, las reseñas que había leído lo situaban muy por encima de lo que en realidad me ha parecido a mi. Me gusta su estilo sin florituras (lo que más) y es curioso leer sobre la dedicación desmesurada de los japoneses a su trabajo, por encima de su vida personal.

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  • Otras maneras de usar la boca, Rupi Kaur

Rupi Kaur es una joven poeta e ilustradora de origen paquistaní residente en Canadá que, tan solo con 22 años, publicó su primer libro “Milk and honey” traducido al español como “Otras maneras de usar la boca”. Parece que “Leche y miel” no era un título lo suficientemente provocador.

Es un canto feminista para nuevas generaciones dividido en 4 partes: daño, amor, ruptura y cura. A mi creo que me ha pillado un poco tarde. Cuando quiero leer poesía, no es exactamente a esta poesía a la que me refiero. Salvando varios poemas no es el tipo de obra que me conmueve, pero reconozco que este libro puede ser un arma muy poderosa ya que denuncia temas muy importantes como el abuso sexual infantil, por ejemplo.

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Hasta aquí mis lecturas de enero, ¿habéis leído alguna de estas obras? ¿Qué lecturas han acompañado vuestro último mes?

Cualquier recomendación es más que bienvenida.

 

 

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La noche en que Frankenstein leyó El Quijote

 

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He empezado 2018 con este simpático libro de Santiago Posteguillo. Se cuentan en él anécdotas y curiosidades literarias de forma muy amena y, lo mejor de todo, es que te provoca más ansia curiosidad por devorar ciertas obras claves de la literatura universal debido a la historia que éstas llevan detrás. La vida secreta de los libros.

Muchas veces me pasa que aunque tenga una lista interminable de libros por leer, no me apetece ninguno en concreto. Y paso días saltando de uno a otro, empezando varios para ver con cual de ellos me engancho. Por esta razón, personalmente, agradezco mucho este tipo de lectura. Te ofrecen un catálogo muy apetecible precisamente porque te explican sus singularidades. Te desbloquean.

Cada capítulo (que no suele ser mayor a cinco páginas) es una anécdota diferente. Por lo tanto, es perfecto para intercalar entre otras lecturas más densas, trayectos cortos en transporte o típicas esperas rutinarias.

¿Con qué libro habéis empezado vosotros el año?

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Cuando Matilda descubrió los libros

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Así que la joven mente de Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.

Matilda, Roal Dahl 1988

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Leer no es sexy – Milena Busquets

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De un tiempo a esta parte intentan convencernos de que todo es sexy. Supongo que los especialistas en marketing y comunicación se han dado cuenta (a buenas horas) de que casi todo lo que hacemos lo hacemos por amor, para que nos quieran los demás o para querernos más a nosotros mismos. Después de todo, el narcisismo también es una forma de amor, tal vez sea incluso una de las más extendidas.

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Y como el amor es el hermano mayor y trascendente del sexo y van tan a menudo cogidos de la mano, han decidido repetirnos lo de sexy hasta la saciedad. Así que ahora resulta que la política es sexy, que las pizzas congeladas son sexis, que el feminismo es sexy, que beber zumos gigantescos de color verde oscuro es sexy, que ir al dentista es sexy, que ir en bicicleta es sexy, que limpiar la casa es sexy, que pedir una hipoteca es sexy y que leer también es sexy.

Paul Newman

En el caso de la lectura, entre otras muchas iniciativas para animarnos a leer, han hecho unos pósters preciosos con fotos de Paul Newman y de Marilyn Monroe en todo su esplendor, ambos leyendo, y debajo el eslogan: “Leer es sexy”. Bueno, pues tengo malas noticias para ustedes: leer no es sexy.

Leer es una experiencia honda, a veces dolorosa, casi siempre ardua (mucho más ardua que plantarse delante de la televisión o del ordenador). Leer requiere esfuerzo, concentración, constancia, paciencia, cultura, práctica y determinación. Y si queréis que os diga la verdad, escribir tampoco es nada sexy. No hablemos ya de vivir con un escritor, un ser ensimismado y gruñón que pasa la mayor parte del día en su mundo, imaginando cosas y violentando la realidad.

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Tampoco es sexy pensar. Enfrentarse una y otra vez a las propias limitaciones resulta más bien agotador y frustrante. Ni aprender alemán. Ni parir. Ni buscar una cura contra el cáncer. Ni acompañar a tu madre al médico. A veces, ni siquiera el sexo es sexy.

Es sexy que te lean un libro en voz alta, igual que es irresistible que alguien te cuente una historia cuando estás a punto de dormirte (o, si te dedicas a escribir, a cualquier hora del día), que es el equivalente humano de dejar una luz encendida para no sumirse solo y a tientas en los sueños.

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La noche es sexy, y el mar, y las fiestas de dos personas, y los coches descapotables, y el despilfarro, y los extremos. Y los casinos. Y el caviar a cucharadas. Y una caja de botellas de champán en la puerta de casa. Y una cajetilla de Ducados olvidada encima de una mesilla de noche. 

Desear es sexy (mucho más sexy que ser deseado). Y los escotes femeninos. Y también Paul Newman y Marilyn Monroe, leyendo o bailando sardanas, da igual. Pero leer, no. Leer no es sexy.

Leer es importante.

 

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Me ha encantado tu texto… ¿Quién te lo ha escrito?

Por esas coincidencias que a veces parecen estar conspirando para decirnos “reflexiona sobre esto”, he escuchado estos últimos días varias opiniones de autoras sobre si existe o no una diferencia en cuanto a género a la hora de crear. En este caso trataremos la literatura, porque es la temática que nos ocupa, pero se podría extrapolar el debate a cualquier ámbito cultural.

Una Almudena Grandes que sostiene que si ella pudo aprender tanto de Moby Dick (novela escrita por un hombre donde la única protagonista femenina es una ballena asesina) los hombres pueden, por consiguiente, ver a través de nuestros ojos.

Una Rosa Montero que defiende un NO rotundo haciendo comparación con la forma de asesinar, en la que sí hubo y hay diferencia.

Y una Inma Chacón que se pregunta cómo se nos ocurre  hoy en día preguntar a una mujer si escribe para mujeres, cuando a nadie se le ocurrió cuestionar a Flaubert si su obra Madame Bovary era literatura para féminas.

Todo esto  lo escuché en el programa de radio sobre literatura “La Milana Bonita” que sigo hace algunos meses y que recomiendo a quien no lo conozca.

Y, hoy mismo, veo a Ana Morgade en los Premios Max 2017, con tono humorístico, denunciando el patriarcado anclado en nuestros comentarios que, en este caso se lo hizo un chico, pero oye, yo hasta me lo imagino en boca de una mujer. Ella sostiene que “no podemos escribir tan distinto, igual lo que pasa es que escuchamos muy distinto”.

Todas ellas viven su propia lucha y la defienden como mejor saben, con talento y perseverancia. Cuantas habrá de las que no sabemos que existen, ni sabremos.

Recuerdo también a una Carmen Laforet contestando en entrevistas constantemente cómo compaginaba su vida familiar y su trabajo como escritora. Pregunta inexistente para los autores padres de familia.

Me voy a mis apuntes corriendo, buscando el resguardo de Virginia Woolf y recordando que ella SÍ hacía tal diferenciación y temiendo que sus palabras hayan quedado ya obsoletas. Es curioso su enfoque y, desde mi punto de vista, va más allá. No olvidemos que los siguientes textos están escritos en 1928.

Sería una lastima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo.

(…) escribía como una mujer, pero como una mujer que ha olvidado que es una mujer, de modo que sus páginas estaban llenas de esta curiosa cualidad sexual que sólo se logra cuando el sexo es inconsciente de sí mismo.

Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os diría si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sí.

En La Milana Bonita se cita a Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias” tomando nuestra condición de mujer como una circunstancia más que, obviamente, influye en la forma de expresarnos. Mucho más cerca esta teoría a la de Virginia Woolf que las de las autoras contemporáneas.

¿Qué opinión os merece este batiburrillo de ideas que acabo de soltar, ahí, por las buenas?

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Tú no te irás – Rafael Alberti

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Ven, mi amor, en la tarde del Aniene
y siéntate conmigo a ver viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.

Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de tu sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene

Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
Aun yéndote, mi amor, jamás te irías.

Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy.
Y en ese viento siempre, me verías.

Nota: A pesar de gustarme mucho la poesía de Alberti, he llegado a este poema por medio del escritor mexicano Benito Taibo. Recomiendo ver su TEDx Talk. Apuesto que cualquier lector se emocionará con sus palabras. Confieso que, como mujer intensa que soy, me se trozos del vídeo de memoria. 

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